| La naturaleza generosa
Autor: Javier Piñero / Fotógrafo: Alberto Patrian
Miles de extranjeros llegan todos los años, desde los más recónditos confines del planeta, para disfrutar el paisaje que ofrece la Península de Valdés. Ballenas, orcas, pingüinos, lobos y elefantes marinos participan de un encuentro con la vida misma que -mediante la lente de un experto fotógrafo local- decidimos celebrar en estas páginas.
Al sur de nuestro país, y al noreste de la provincia de Chubut, una tierra de amaneceres y crepúsculos capaces de impactar al más experimentado viajero con su estallido de tonos rojos, violetas y amarillos, entremezcla la inacabable estepa patagónica con el maravilloso mundo marino que puebla su costa bañada por el Océano Atlántico.
La Península de Valdés, declarada en 1999 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es un área natural protegida cercana a la ciudad de Puerto Madryn. Unida al continente por el Istmo Carlos Ameghino, su superficie comprende aproximadamente 360 mil hectáreas que albergan una importante biodiversidad de fauna y flora exclusivas de la zona, que la transforman en un escenario único e irrepetible.
Los actores
En medio de un paisaje plagado de protagonistas, la ballena Franca Austral es, sin lugar a dudas, la “estrella” de la Península de Valdés. Desde Puerto Pirámides, la simpática villa turística y principal asentamiento humano del lugar, es posible embarcarse para realizar una observación más cercana y detenida de este coloso del mar y poder apreciar así su “cola” (o aleta caudal), presenciar los cortejos de apareamiento, la cría de los ballenatos y ocasionalmente ver los impresionantes “saltos”, con los cuales sus más de 30.000 kilos emergen para dejarse caer con un sobrecogedor estruendo.
El resto del elenco que integra la fauna autóctona no es menos impactante: elefantes y lobos marinos, orcas, delfines, pingüinos, cormoranes, flamencos, gaviotas y decenas de aves más se dan cita cada año para reproducirse, criar, alimentarse, mudar plumas y pieles, descansar y hasta en algunos casos ¡formar harenes! En resumen: el ciclo de la vida misma en vivo y en directo desde su verdadero hábitat.
Debajo de la superficie, el mundo subacuático esconde una explosión de vida de la cual se puede ser testigo a través del buceo, práctica que experimentados y autorizados prestadores ofrecen tanto en la zona de Pirámides como en Puerto Madryn. Fuera del agua, ya en los inicios de la estepa, animales como el choique (o ñandú petiso), el zorro gris y el colorado, el piche (de aspecto parecido al quirquincho), el peludo, la mara (mal llamada liebre patagónica) y el guanaco nos sorprenden con su presencia.
El calendario de visitas de las especies que no integran en forma estable el “reparto” comienza en mayo, cuando las primeras ballenas se hacen presentes. En el tope de la temporada pueden llegar a verse más de 700 ejemplares entre el Golfo Nuevo y el de San José, que respectivamente bañan las costas sur y norte de la península. En diciembre completan la migración al dirigirse a sus lugares de alimentación en la Antártida. El resto de la fauna marina arriba en forma escalonada a partir de fines de agosto y migran en algunos casos a fines de abril. Las aves, al igual que la fauna terrestre, están presentes prácticamente todo el año.
Fuera de la agenda animal, la temporada aprovechable en la Península de Valdés es extensa y presenta varias opciones para los amantes de la naturaleza. Actividades como cabalgatas, trekking y numerosos deportes náuticos, entre otros, se pueden disfrutar tanto como sus playas, los impresionantes acantilados, la excelente gastronomía patagónica e internacional y las estancias, donde además de alojarse es posible vivir de cerca las actividades propias de la explotación de ganado ovino.
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