Road trip vendimial


Hacia la fiesta de los nuevos soles
Autora y fotógrafa: Ivana Beltrán.

Marzo en Mendoza. La época ideal y el lugar indicado para un gran festejo. Un poco más allá del slogan “de la tierra del buen sol y del buen vino”, nos dirigimos a la celebración más famosa de toda la región de Cuyo, corazón de la historia del pueblo mendocino. Nuestra recompensa: La Fiesta Nacional de la Vendimia, cuya vedette es el vino.

Luego de un largo viaje llegué a mi destino, la gran ciudad capitalina de Mendoza. Miré a mi alrededor y el paisaje era majestuoso, indescriptible. Nieve, cielo, montañas, vides y valles verdes. Como si esto fuera poco, también se respiraba una atmósfera festiva desde cualquier rincón: el pueblo entero se preparaba para recibir a sus invitados. Ningún detalle faltaba, solo quedaba por recorrer la ruta del vino. Para lograr la sensación térmica de la euforia festiva y así descubrir la gran pasión por el trabajo vendimial, ¿por qué no comenzar por las bodegas donde nace el vino?

A las 7.30 del día siguiente comencé la aventura. Tanto entusiasmo me indujo a recorrer varios kilómetros, mapa en mano y bodega tras bodega. La idea era aclimatarme con los cinco sentidos para descubrir la trastienda de este gran evento tomando parte en el ritual de la degustación. A 15 kilómetros de la cuidad tomé un camino polvoriento y resecado por el sol. La acequia fue mi compañera de rumbo. Mi destino, las casas más prestigiosas de las 800 con que cuenta la provincia: Familia Zuccardi, Finca la Linda, Bodega Augusto Pulenta, Bodega La Misión, Bodega Escorihuela, Familia Rutini Wines, Trapiche y la bodega Nieto Senetiner. Luego de ver el increíble nacimiento del vino me encaminé hacia el centro de la ciudad. El jolgorio no paraba. Por donde se mirara, la fiesta era de todos. Colores, movimientos, siluetas, cantos, música, sudor, ritmos y folklore. Hasta el shopping se había convertido en templo de la vendimia. Mi paso era difícil, caminaba entre botellas de vino, stands, sonrisas, slogans, etcétera. Todo alrededor paría la sangre del vino; no solo la roja del tinto, sino también la dorada del blanco.

No es mala idea hacer un paréntesis y recalcar sobre la esencia de la vendimia, para luego retomar el recorrido cosmopolita. Es para Mendoza un acontecimiento popular por excelencia. “Vendimia” abarca los secretos de la elaboración del vino, leyendas, ritos, mitos y poesía, representando el mismísimo progreso de la historia del pueblo mendocino. “Vendimia” es un todo, es la luz del sol, es la alegría de la tarea cumplida, el fin de un año de trabajo en las viñas y la coronación de los esfuerzos llamando al descanso al viñador.

Los siglos y las costumbres pasan, pero las pasiones quedan en cada uno de nosotros. Por eso cultivo, cosecha, vides, uvas, vino, montañas, paisajes, deportes y diversión van de la mano y reinan en esta historia .

Retomemos ahora la ruta del vino para ir detrás de la pasión... Un poco exhausta de tanto alboroto, ya que todos querían ser protagonistas de la historia, seguí mi camino hacia las principales avenidas céntricas colmadas de música, colores y copas de vino que se llenaban y vaciaban sin tregua. En la plaza central me esperaba “La Vía Blanca de las Reinas”, el comienzo de la puesta en escena del megaevento principal. Luz, cámara, acción... tres bombas de estruendo marcaron el inicio del tradicional festejo ante la mirada atónita de 180.000 personas, entre mendocinos y turistas. Colorido desfile de carros alegóricos representando a las 18 reinas departamentales y sus cortes, que marchaban a la par de jinetes con atuendos típicos y al compás folklórico. Pura tradición con aroma a uvas.

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