Crónica de una estafa anunciada

Muchas veces nos dicen que hay que cuidarse con las transacciones online, que no es seguro realizar pagos o movimientos desde la PC.
Esto no es así y el temor muchas veces es infundado. Para graficar el peligro que conlleva lo expuesto podríamos decir que, por ejemplo, normalmente salir a caminar no es un gran peligro. Pero si lo hacemos a las 3AM en zonas que se saben peligrosas, la cosa cambia.
Este breve relato va a dar un panorama de lo que es una estafa electrónica.

Nora, Juan y Pedro
Nora estaba contenta porque había aprendido a pagar sus cuentas por Internet. Esto le ahorraba mucho tiempo, ya que no debía salir de su casa, no hacía colas y no tenía horarios para realizar sus pagos. Un día la PC de Nora se rompió. El técnico le dijo que se la tenía que llevar por unos días y que se la traería a lo sumo en una semana.
Nora estaba ansiosa por tener de nuevo su PC, ya que en los tiempos que corren la usaba para trabajar, para hablar con sus hijos que viven lejos y hasta para entretenerse. Amaba esa máquina que le permitía hacer de todo y, gracias a unas cuantas clases, ¡la estaba entendiendo cada día un poco más!
 
Juan siempre fue un tipo emprendedor; tuvo varios proyectos. Algunos salieron bien y otros mejor olvidarlos.
Pero el emprendimiento que tenía entre manos lo ponía feliz, ¡en dos días iba a tener su cibercafé con seis computadoras! Gracias a la ayuda de un amigo esto estaba casi listo; en dos días el local abriría sus puertas y las expectativas eran enormes.
Sabía que éste era EL proyecto.

Pedro siempre estuvo al borde de todo, nunca le gustó trabajar, no encajaba en ese mundo.
Los horarios no eran para él, tenía mucho conocimiento de cómo funcionan las PCs dado que pasaba gran cantidad de horas navegando, jugando y sobre todo viendo de qué manera podía ganar plata sin tener que trabajar.
Pedro no era un genio; y no necesitó serlo para llevar a cabo lo que realizó.

EL LINK
Nora ya estaba desesperada y no tener la compu funcionando la estaba atrasando un montón; y encima de todo tenía que pagar impuestos y transferirle plata a un proveedor que la estaba llamando sin cesar.
A la vuelta del mercado vio que había un cibercafé recién abierto y se puso contenta porque iba a poder pagar todo desde ahí.
Así que fue para su casa, organizó los papeles y pensó: “Mañana a la mañana resuelvo varios de los temas pendientes”.
A Juan le tocó su primer día de ciber y lo encaró contento. Todo funcionaba bien.
Un amigo le había instalado los antivirus, firewalls y limpiadores de sesión en las computadoras y las máquinas estaban operativas. Algunos clientes ya habían entrado y todo parecía ir bien.

Lo que Juan no sabía es que el manejo de información sensible es un tema serio, que no puede dejarse en manos de un amigo que sabe instalar programas básicos de protección en las maquinas.

Pedro sospechó esto y entró como un cliente más.
Había ido con su pendrive lleno de programas que había encontrado en foros. Específicamente, Pedro tenía lo que se llama Keylogger.

Los Keyloggers sirven para captar todo lo que realiza una PC y se consiguen por doquier en Internet.

Pedro instaló el Keylogger en la PC 4 y no tuvo ningún problema en hacerlo. La máquina quedó lista, trabajando para él. Nora llegó la mañana siguiente con todos los impuestos, lo conoció a Juan y hablaron un poco. Luego Juan le habilitó una PC para que pudiera hacer sus trámites. “Pase por la 4”, le dijo el dueño.
Ella estuvo casi una hora y se fue contenta porque había entrado a su cuenta de banco, pagado impuestos y pudo transferirle la plata que le debía al proveedor que la tenía loca. Se despidió de Juan y se fue.

A los dos días llegó nuevamente Pedro, lo saludó a Juan y se sentó en la PC 4.
“Es la que anda más rápido” le dijo a Juan.
Era el momento de ver qué había “pescado”.
Y encontró: visitas a un banco determinado, nombre de usuario y ¡contraseñas!

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