Un argentino en el cielo
Gastón Elie es el único representante nacional integrante del aclamado espectáculo Alegría. Heredero del talento que heredó de generaciones y generaciones de circo criollo, desafía la gravedad en el trapecio y nos sumerge en el mundo de una compañía que revolucionó al género.
Por Sol Amaya / Fotógrafo: Nicolás Faig
Pasó su infancia entre el picadero y la casilla rodante, viajando de pueblo en pueblo y aprendiendo el arte y la cultura que su familia fue transmitiendo de generación en generación: la del circo criollo. Hoy Gastón Elie, joven acróbata, es el único argentino en el espectáculo Alegría que el Cirque du Soleil presenta hasta fines de julio en Buenos Aires.
Tiene 34 años y hace 10 que dejó la carpa criolla para sumarse a la empresa canadiense que atrae a miles de espectadores en cada una de sus giras por el mundo. “Fue un cambio muy grande: salís de un contexto laboral en el que todos son tu familia a una compañía gigante en la que ni siquiera hablan español”, cuenta Gastón, sentando en el bar del Hotel Madero, donde se hospeda hasta que terminen las presentaciones de Alegría en el país. El joven acróbata, sexta generación de familia circense, audicionó para el Cirque du Soleil en 1997. Durante meses esperó la respuesta con mucha ansiedad. “Había descubierto lo que para mí es la evolución del circo y estaba convencido de que quería ser parte de esa experiencia”, recuerda Gastón.
El entrenamiento para entrar en Alegría duró seis meses, durante los cuales tuvo que aprender otros idiomas, ensayar intensivamente su número e incluso tomar clases de maquillaje. “Todos son muy profesionales y cuidan hasta el más mínimo detalle”, cuenta el artista. Cuando trabajaba en el Circo de París, que perteneció a su padre, Argentino Elie, la situación era muy diferente: ellos mismos se cosían sus trajes, se maquillaban y todos colaboraban en el mantenimiento del espectáculo. Gastón extraña ese contexto familiar en el que creció, pero confiesa que con el pasar de los años el Soleil se ha convertido en su segundo hogar. “Es una familia que habla muchos idiomas distintos, pero la relación con mis compañeros hace que sea menos difícil pasar tanto tiempo lejos de los afectos”, dice el artista argentino.
La vida de Gastón cabe en 4 o 5 valijas que lo acompañan en su viaje por todo el mundo durante las giras del espectáculo. Vivir de hotel en hotel había comenzado a cansarlo, y hace poco más de un año abandonó el escenario del Soleil y volvió a la Argentina. Acá se convirtió en el director artístico del Cirque XXI, que pertenece a la familia López, empresarios circenses de la tradición criolla local.
Pero hace unos meses recibió un llamado que lo sorprendió: Alegría volvía a Buenos Aires y querían que él se sumara al espectáculo. “No esperaba que me volvieran a llamar, aunque en el fondo lo añoraba y estoy muy feliz de regresar al escenario”, se emociona Gastón, que extendió su contrato al menos hasta abril de 2009, cuando termina la gira mundial de este show. Mientras está en el país aprovecha para visitar a su familia y a sus amigos antes de volver a la vida de avión, hotel y unas pocas valijas.
EL SHOW DE LA ALEGRIA
El Cirque du Soleil nació en 1984 en Canadá. Para el público argentino que vivió la época de oro del circo criollo, el espectáculo canadiense dista mucho de la tradición local, donde la gente se emocionaba con las hazañas del domador que enfrentaba a los feroces leones, reía a carcajadas con los torpes payasos y rogaba por la seguridad del motociclista que desafiaba al Globo de la Muerte. En el Soleil solo Gastón viene de familia circense. El resto de los artistas provienen de escuelas de danza y gimnasia de todas partes del mundo.
TODO SOBRE ESTE ESPECTACULO BUSCALO EN EL PLANETA URBANO DE JULIO