Conventillo de lujo

Ideólogo y fundador de la galería que lleva su nombre, Ernesto Catena decidió apostar fuerte a la fotografía contemporánea generando un espacio que reúna en cada muestra a los mejores fotógrafos del país. En esta nueva edición de arteBA, Catena va por más sumándose al circuito de galeristas que apoyan, difunden y proyectan el arte argentino hacia el mundo.

Por Valeria Maltagliatti / Fotógrafo: Agustín García Oliver

Bisnieto, hijo y nieto de la más pura vendimia mendocina, Ernesto Catena decidió transitar un nuevo camino, lejos de las vides, cuando abrió su propia galería de arte en el corazón de Palermo Soho. Y redobló la apuesta cuando nombró director a Hernán Zavaleta, un gran conocedor de los nuevos artistas pura cepa que deambulan por el país. Con solo un año de existencia, la galería Ernesto Catena Fotografía Contemporánea sumó artistas, supo hacerse un lugar dentro del circuito del arte y ahora va por más: arteBA 2008 lo tendrá entre sus galeristas más selectos.

¿Cómo surgió la idea de abrir una galería de arte?
Para nosotros hay una relación muy estrecha entre el vino y el arte, de hecho le ponemos mucho énfasis a todo lo que hace a la preparación del vino para venderlo, promocionarlo y empaquetarlo. A mí siempre me gustó mucho la fotografía, de hecho, cuando estuve estudiando en los Estados Unidos hice un curso con un profesor alemán, y desde ese día vivo con una cámara de fotos encima esperando el momento de encontrar una buena toma. Así que un día dije, ya que me gusta tanto el arte por qué no hacer un espacio en donde se junten el vino con el arte. Surgió Palermo porque allí tenemos una sala de degustación y nos gustaba mucho la zona. Buscamos y nos encontramos con un primer piso de paredes altas, antiguas, con mucha luz natural que le daba un plus al espacio. Nos gustó el contraste entre lo antiguo y lo moderno, como una metáfora de lo que hacemos nosotros con la bodega: un negocio milenario como es el del vino, donde se utilizan técnicas de producción muy modernas; mezclando lo antiguo con lo moderno.
 
¿Por qué solo fotografía y no otras manifestaciones como la pintura o la escultura?
Porque la fotografía es mucho más convocante que la pintura. Es más accesible en todo sentido. La ópera, por ejemplo, es magnífica, pero el grupo de espectadores es muy diferente y el público está más acotado. Además queríamos algo de vanguardia, con tecnología de vanguardia, siempre relacionando, de una u otra manera, nuestro trabajo en la bodega, donde utilizamos todo el tiempo la fotografía como una herramienta artística y publicitaria capaz de plasmar en una imagen el mundo del vino.

¿Hay una escisión entre el bodeguero y el galerista o conviven en perfecta armonía?
Ambos son muy inspiradores y se complementan, se nutren mutuamente. El trabajo del vino es crear marcas y crear identidades, por eso el trabajo con el arte es tan enriquecedor. A mí particularmente me produce mucha satisfacción.

¿Por qué creés que les está yendo tan bien?
Sin lugar a dudas hay una muy buena dirección de Hernán Zavaleta, que sabe hacer muy bien la elección de los artistas. Ahora también se incorpora al equipo -después de mucha insistencia de mi parte-, mi mujer Joanna Foster. Si a esto le sumás los grandes contrastes y las tonalidades que podés encontrar dentro de nuestra galería, donde entrás a una sala y encontrás obras de un artista con una mística muy especial y luego pasás a otra y hay algo completamente distinto que te dispara hacia otro lugar... Buscamos constantemente estos contrastes porque hablan de la pluralidad artística de nuestro espacio. Nosotros siempre decimos que tenemos una galería que es como un “conventillo de lujo”, con muchas habitaciones, con diferentes climas en cada sala, donde cada una representa un universo único. Es una galería con mucho espacio, lo que nos permite tener gran variedad de artistas, por eso el que vino más de una vez sabe que acá se va a sorprender.

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