Las distintas formas de la fidelidad

Ella, Hannah Arendt, teórica política alemana. El, Martin Heidegger, el gran filósofo alemán, autor de Ser y tiempo. Y entre ellos una pasión… la de un hombre y una mujer que en algún momento de su búsqueda personal se encontraron y dejaron huellas que luego serían históricas.

Autora: Eugenia Viña

Antes de ser reconocida, antes de desarrollar una de las teorías políticas más importante del siglo XX, Hannah Arendt -judía alemana- llega a los 18 años a la universidad de la pequeña ciudad de Marburgo para continuar sus estudios de filosofía.
Llamaba la atención por su aspecto físico -pelo a lo +garçon+, vestimenta verde, mirada profunda- y por sus comentarios y actitudes. Intensa, perseverante y en busca de lo esencial, años después uno de sus compañeros la recordaría como rodeada de un “halo mágico”.

El viaje a Marburgo no era azaroso: Hannah no solo buscaba lo esencial, sino también al “Mago de Messkirch”, como circulaba el nombre de uno de los profesores de filosofía más críticos, más brillantes y más convocantes de la época: Martin Heidegger, de 35 años, nacido en aquel pequeño pueblo alemán de Messkirch.
El profesor, convertido en figura de culto, era conocido por su resistencia al estudio meramente erudito y por la propuesta de una filosofía que en su interpretación propuso una relación fundamental entre el modo de ser de los objetos y de la humanidad, y de la estructura del tiempo.
Hannah Arendt lo conoció y se enamoró perdidamente. El flechazo fue mutuo, ya que el profesor la citó a una reunión en su despacho y, pocos días después, le escribió elogiando su inteligencia y le propuso ser su guía para el estudio y el aprendizaje. A la semana las citas se siguieron repitiendo y las cartas cobraron un tono íntimo, revelando una relación sentimental y pasional.

Pero la situación no era fácil. Heidegger estaba casado, tenía dos hijos y, aunque desde el comienzo había revelado su situación, no tenía deseos de cambiarla. La aceptación de Hannah los llevó a una vida de códigos, secretos y ocultamientos. Vida de amantes.

Hannah se convierte en la pasión de su vida. Pero Heidegger también tiene otras pasiones y necesidades: escribir en soledad en su cabaña de madera, en mitad de la Selva Negra alemana, por ejemplo.
Para el filósofo estas ausencias no implicaban distanciamiento -le repetía a Hannah una y otra vez la pasión que sentía por ella- y también afirmaba que nadie entendía sus pensamientos como ella, compañera oyente y lectora durante el proceso de escritura de su obra principal, Ser y tiempo.

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