La economía de la esperanza
Ante los acontecimientos que estamos viviendo a propósito de la gravísima crisis económica internacional; ante el negro pronóstico que a diario vierten los medios de comunicación, expertos en la materia, dignatarios políticos; y ante la sensible percepción de cada uno de nosotros de comprender que estamos frente a una situación inédita y de consecuencias imprevisibles, no dejamos de pensar en cómo se sale de esto.
Autor: Roberto Villamil
Los argentinos tenemos un alto handicap porque ya padecimos situaciones parecidas y siempre, como el Ave Fénix, resurgimos de las cenizas. Pero a no dudarlo, entendemos que esto es distinto porque es global; esta vez todo el mundo está en el berenjenal y no hay paraísos donde refugiarse.
¿Qué produjo esta hecatombe? En definitiva, el virtual despedazamiento del sistema capitalista que nos vendieron como el edén del hombre libre, competitivo, del winner.
Si miramos hacia atrás, apenas 20 años y pico, había caído el otro sistema firmemente combatido, el marxismo.
El destino quiso que el autor de esta nota se cruzara con el Dr. Carlos Louge, un argentino brillante, formado en el país y en el exterior, profesor de la UCA y de la Universita di Bologna. Él me expuso el pensamiento económico de Silvio Gesell, hábilmente sacado de circulación y olvidado por la historia entre otros grandes economistas y pensadores.
A lo largo de varias charlas con Louge, surgen datos y situaciones desconocidas que dejaron a este periodista totalmente perplejo, porque eran absolutamente desconocidos y le hicieron reflexionar como lo hizo Descartes cuando expresó “Yo solo sé que no sé nada”. Aunque después de escuchar el relato de Louge, amigos lectores, también como yo dirán: “Solo sé lo que nos hicieron creer”.
Hay solución a la crisis económica y es argentina. Fue probada con éxito pero la ocultaron porque hería los intereses del despojo que otros argentinos desfachatados ejecutaron por orden de intereses extranjeros.
UN POCO DE HISTORIA
Un académico argentino de origen rumano llamado Oreste Popescu, que vino al país al final de la Segunda Guerra Mundial y escribía en la Revista económica argentina, fue el exponente que desarrolló la escuela del pensamiento económico argentino, que en un tiempo expusieron el general Manuel Belgrano, Mariano Fragueiro y Silvio Gesell.
Esta corriente que también abarca un contexto político y social, hunde sus raíces en el pasado y tuvo un hito fundamental en las reducciones jesuíticas que obraron como causales de los movimientos europeos con los indígenas.
Esa fusión de conocimientos es antiquísima y viene de culturas muy distintas entre sí y sin aparente conexión alguna.
LOS EGIPCIOS, LOS INCAS Y LOS JESUITAS
Por un lado los egipcios y por el otro los incas desarrollaron un eficiente sistema de intercambio comercial que no utilizaba monedas, ni tasas de intereses, ni andamiaje financiero. El trueque fue ese régimen utilizado y funcionó sin inconvenientes. Para los egipcios con el trigo, el lino y la cebada, y para los incas con el maíz, la papa, la quinoa y la coca.
Por su parte los jesuitas, injustamente negados, aun por su propia jerarquía institucional, habían logrado integrar al nativo y al europeo con métodos civilizados y logrando un desarrollo económico extraordinario como bien muestra el film +La misión+, con Robert de Niro.
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