Entre Ríos
Clásico y moderno
Con Rosario -la menor de los Ortega-, en el puesto de cantante volvió al ruedo el crédito del pop delicado argentino. Después de tres años de ausencia regresan con disco nuevo, formación de banda y muchas ganas de tocar.
Por Martín E. Graziano
La parábola de Entre Ríos es algo así: dos melómanos forman probablemente el primer proyecto de canción electrónica, allá por fines de los ´90. Editan un puñado de discos y ep’s que son recibidos con entusiasmo por la crítica y el público. Quizás en su mejor momento, luego dejan de tocar y reaparecen convertidos finalmente en una banda, corrigiendo de paso los mapas que ubican a Rosario en Santa Fe cuando, todo parece indicar, está en Entre Ríos. Es, en definitiva, la historia de un renacimiento.
Hace tres años estaban cerrando contrato con un sello importante, a caballo de cierto reconocimiento y del envión de popularidad otorgado por aquella publicidad de Quilmes que utilizó su canción Hoy no. Sin embargo, apenas registrado +Onda+ para Pelo Music, la cantante Isol anunció su partida y el grupo comenzó a sufrir síntomas de saturación. Los dos fundadores, Sebastián Carreras y Gabriel Lucena, decidieron poner en suspenso la historia de Entre Ríos. “Dejamos de tocar porque no nos convencía la situación artística -reconoce Carreras-.
Era el momento en el que estábamos ganando más dinero, pero cuando uno está creativamente agotado, o dejan de suceder cosas entre los músicos, no lo disfrutás”.
Por un periodo se ocuparon de sus proyectos personales hasta que, a fines de 2007, sintieron la necesidad de salir al ruedo nuevamente juntos, pero esta vez desde otra perspectiva. En el imaginario de Entre Ríos todavía flotaba la idea de un compositor, un arreglador y ejecutor y la cantante invitada. Es decir, más que un grupo, un concepto. Pero, se sabe, la fortuna de los planes es que pueden ser desarticulados por lo inesperado. Una noche en que tocaba Rosario Ortega -la hija menor de Palito y Evangelina Salazar, cultora de un silencioso bajo perfil-, estaba entre el público Sebastián Carreras.
Quedó encantado con Rosario y le acercó una canción para probarla. “Tendría que decir que sí, pero no conocía a Entre Ríos -se ríe Rosario-. La verdad es que yo no escuchaba música electrónica. Asociaba eso con Pachá”. En sus manos, Milagro, aquella primera canción, alcanzó una magia afelpada, suavemente agridulce, que la convirtió en un hit potencial. Se había encontrado algo: “Tanto a Gabriel como a mí nos sorprendió la simpatía que se generaba entre su voz y las canciones que preparábamos para este álbum, así que naturalmente le fuimos dando más temas hasta que, al final, terminé componiendo algunos directamente para su voz”. Cargaron en un taxi los discos del grupo y los mandaron a casa de Rosario, que los escuchó de corrido en una sola noche. Al amanecer del día siguiente era la voz de Entre Ríos: “Cuando cantás canciones que no son tuyas, pero que igualmente sentís, y podés encontrarte en las letras, no es difícil. Vos le aportás algo tuyo a la canción y, a la vez, la canción siempre te da algo”.
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