Argentina déjà vu

Un sentimiento extraño embarga a los argentinos. Lo que ahora sucede en el país ya ocurrió hace algunos años. ¿Cuáles son las explicaciones que la economía y la historia pueden dar al cuento de la Buena Pipa nacional? ¿Qué luz puede arrojar la puja entre unitarios y federales sobre el conflicto del campo? Un reconocido historiador y dos economistas explicaron a El Planeta Urbano algunas recurrencias criollas.

Argentina vive un déjà vu a gran escala. Un travieso o cruel demiurgo parece haber diseñado la historia del país. Los problemas se repiten en forma crónica y recrean esa sensación de paramnesia colectiva, de pesadilla más que de sueños, que provoca tanto hartazgo local y curiosidad foránea.
¿Será que el país orbita desde su nacimiento alrededor de los mismos temas, como un niño que se divierte con la repetición de una historia? ¿O acaso las condiciones económicas y políticas no han cambiado en forma sustancial desde los primeros años de la patria? Como en el mito griego de Sísifo, un célebre habitante del infierno, ¿la Argentina sufrirá sin cesar una maldición o acaso estas redundancias pueden ser diagnosticadas? Y si es de este último modo, ¿existe una solución o la penuria del déjà vucriollo es fruto del cosmos, del eterno e incontrolable retorno?
Una de esas letanías argentinas -unitarios versus federales, ciudad versus campo- crispa hoy los ánimos y hace sentir con fuerza su onda expansiva, cuyo epicentro se remonta a los primeros años de la patria. “La relación histórica campo-poder es tan añeja como la existencia misma de nuestro país. La conformación de nuestro espacio económico y político estuvo en relación directa con su producción agropecuaria”, explica a El Planeta Urbano el historiador Felipe Pigna.

DOSCIENTOS AÑOS DESPUES
La economía, que parece lejana a este sentimiento de recurrencia nacional, tiene mucho que decir.
Pigna, que ha escrito la exitosa serie +Los mitos de la historia argentina+, evoca la voz de un patriota de principios del siglo XIX para ayudar a entender el conflicto que llevó al país a un férreo lock out agropecuario dos siglos después. “Tempranamente alertaba Belgrano sobre los peligros de convertirnos en simples exportadores de productos primarios: en la Memoria al Consulado 1802 decía: ‘Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño en conseguir, no solo darles nueva forma, sino aun atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo. Y después venderlas’”. La enseñanza de Belgrano suena, 206 años más tarde, como una profecía: la Argentina es el primer exportador mundial de granos de girasol, el segundo de maíz, el tercero de soja y el cuarto de trigo.
El economista Eduardo Fracchia también ha estudiado con dedicación los periplos del país a través de los años y agrega su síntesis a la del historiador. “Una cuestión en la que tenemos problemas permanentes es la de no poder articular un genuino federalismo fiscal”, sintetiza.
Fracchia es un destacado profesional del área de economía del Instituto Argentino de la Empresa (IAE), un centro de estudios reconocido a nivel internacional. Su opinión sobre la distribución regional de los recursos ayuda a comprender la añosa puja entre el interior y las grandes ciudades. “La coparticipación fiscal siempre ha sido un arreglo provisorio a la espera de una solución de fondo que, por falta de definición política y coordinación federal, nunca llega”.

RADIOGRAFIA DE UNA RECURRENCIA
Las complicaciones para el desarrollo regional, sin embargo, no son las únicas dificultades económicas que atraviesa la historia argentina. Otras son la puja distributiva, la propensión inflacionaria, el estancamiento y la búsqueda de un perfil productivo que siempre está por arribar pero que nunca se consolida. Fue el Premio Nobel de Economía Paul Samuelson el que auguró que la Argentina iba a ser el país del futuro: “Claro que no tuve en cuenta a Perón”, ironizó años más tarde.

LA NOTA COMPLETA LA ENCONTRAS EL PLANETA URBANO DE JUNIO