La Influenza M

Autor: Brad Hunter

Una vez, de niño, escuché a mi abuela decir que “una imagen vale más que mil palabras”. Los años transcurrieron y un catedrático de los medios echó por tierra aquel viejo dicho cuando aseguró: “Una imagen con mil palabras vale todo”. A partir de ese preciso momento, como siempre me desempeñé en este ámbito, tomé conciencia de que los medios de comunicación, y en especial la televisión, tienen un enorme poder a la hora de influir sobre la opinión pública. A todos nos parece lógico -es más, estamos convencidos de ello-, que nuestra vida en sociedad es fruto de una elección sin condicionamientos, que nuestros pensamientos nos pertenecen y son originales y que no nos influye demasiado lo que dicen los diversos medios de comunicación. Pero, lamentablemente, la realidad es muy distinta. Vivimos en sociedades absolutamente invadidas, razón por la cual su influencia va mucho más allá de lo que somos capaces de percibir. La paradoja del mundo visto desde los medios se basa en hacernos creer que es real todo aquello que nos presentan las noticias, mientras todo aquello que no aparece en los medios de comunicación es como si, literalmente, no existera. En otras palabras, los medios de comunicación tienen el poder de controlar nuestra visión acerca de la realidad. Un poder que, por el simple hecho de estar tan instalado en la sociedad, se convierte en un riesgo para el pueblo, ya que para los sectores de poder es muy fácil manipularlo sin que el pueblo sospeche fácilmente de estos manejos.

En 1937 la Fundación Rockefeller comenzó a financiar la investigación de los efectos sociales de los nuevos modos de comunicación de masas, particularmente de la radio. Antes de la Primera Guerra Mundial, la radio tenía solo 125.000 aparatos receptores en todos los Estados Unidos; veinte años después, en 1937, esa cifra se elevó a 32 millones, es decir que existía un porcentaje más alto de familias que poseían una radio, que aquellas que tenían teléfonos, automóviles, agua potable o electricidad.
La Fundación Rockefeller alistó a varias universidades y ubicó el cuartel general de dicha red en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales, en la Universidad de Princeton. Nombrada como la Oficina de Investigación de la Radio, fue popularmente conocida como el “Proyecto Radio”. Entre los investigadores se hallaba la psicóloga y socióloga Herta Herzog, que produjo “Sobre las Experiencias Tomadas de Prestado”, la primera investigación exhaustiva sobre las radionovelas. El formato de “drama serial radiofónico” fue utilizado por primera vez en 1929 por Herzog, que creía que la inmensa popularidad de este formato se daba más asiduamente entre las mujeres de más baja posición económica, ya que éstas, en medio de sus limitadas circunstancias de vida, necesitaban alimentar fantasías que las transportaran hacia lugares exóticos y situaciones románticas.

El 30 de octubre de 1938, Orson Wells y el teatro Mercurio -bajo el sello de la CBS y por mandato de la Fundación Rockefeller como parte de uno de sus estudios-, utilizaron la radio para hacer creer a los estadounidenses que los marcianos estaban invadiendo la Tierra. En la transmisión se narraba cómo naves provenientes del planeta rojo derrotaban a las fuerzas norteamericanas usando una especie de rayos de calor y gases venenosos. Los oyentes que sintonizaron la emisión y no escucharon la introducción pensaron que se trataba de una emisión real de noticias, lo cual provocó el pánico en las calles de Nueva York y Nueva Jersey (donde supuestamente se habrían originado los informes). La comisaría de policía y las redacciones de noticias estaban bloqueadas por las llamadas de oyentes aterrorizados y desesperados que intentaban protegerse de los inexistentes ataques de los marcianos.
La histeria colectiva demostró el poder que los medios de comunicación ejercen sobre las masas, y este curioso episodio también dejó en claro qué tan poderoso puede ser aquel (o aquellos) que tengan el control de los medios. Porque quedó comprobado que, si se tiene el control de los medios, se posee también el inmenso poder de controlar la opinión pública de los pueblos.
Si lo Dicen los Medios es Verdad
Durante las últimas décadas se ha incrementado notablemente el poder de influencia de los medios debido a la facilidad con que llegan a la población. Claro que no todos tienen el mismo alcance ni la misma fuerza. La televisión ostenta el máximo poder, siendo los grandes grupos de comunicación los que acaparan los diferentes canales. Así es como logran la uniformidad de los mensajes que llegan a la gente. Una emisora televisiva, una radio y un periódico que pertenecen a un mismo propietario darán una versión similar de los hechos. Aquí radica su poder: en la posibilidad de llevar a la población el mensaje que ellos quieren. De este modo, los intereses económicos y políticos priman sobre los intereses propios de los medios de comunicación, cuyo lema debería ser informar con la mayor objetividad posible y ser un servicio fideligno para la sociedad.

 

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