Pluma mediática
El histórico oficio de escritor ha encontrado nuevos representantes: personajes más mentados en espacios mediáticos, antes que en círculos literarios, han armado revuelo aventurándose en la escritura de un libro. Negocio editorial o simple expresión artística, parece que un nuevo fenómeno ha llegado a las librerías.
Autor: Mauricio Moreno Martínez
Señor William Shakespeare, le presento a Iliana Calabró, su colega. Señores Gabriel García Márquez, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Fiódor Mijáilovich Dostoievski, aquí están “Bebe” Contepomi, Valeria Mazza, Guillermo Coppola y Roberto Piazza, sus colegas. Y entonces, en un improbable aunque posible recreo de premiación literaria -excepto por las obvias dificultades de defunción- todos ellos se escudriñarían los ojos recíprocamente, rasparían sus carnes en un cálido apretón de manos, tal vez arquearían la espalda, y finalmente hasta exclamarían uno por uno: “¡Oh! Buenas noches, escritor”.
¿Pero lo son? Bueno, ya lo dice la “Corte de Justicia Lingüística” que es la Real Academia Española. “Escritor, ra: Autor de obras escritas o impresas”. Y perdón, pero este libro, Iliana te la canta, lo escribió la vedette Iliana Calabró. Este otro, Secretos (con)partidos, lo escribieron los periodistas Tití Fernández y Marcelo Benedetto. Este de más abajo,¿Qué me pongo?, lo escribió la modelo Valeria Mazza.
El de más allá, Corte y confesión, lo escribió el diseñador de moda Roberto Piazza. Y por último, esté de aquí, Yo Cumbio, obra de la flogger homónima. De modo que sí, técnicamente son todos escritores.
Ahora, ¿qué hizo que personas menos emparentadas con la pluma y el papel (esto dicho en tiempos pasados, claro) se lanzaran a la escritura de un libro? ¿Puro negocio editorial? ¿Necesidad de garantizar con nombres famosos la venta de libros? ¿Se trata de algo nuevo, una rareza más de estos tiempos modernos? ¿Y si en realidad más que como una rareza, debería ser tomado -ingenuidad mediante- como un simple hecho natural de expresión artística?
RATING EDITORIAL
Dejémosle un lugar a la desconfianza. Afirmemos, aunque tal vez no sea cierto, que el motivo por el que estos mediáticos hayan publicado libros no es otro que la necesidad de las editoriales de garantizar con fama un éxito de ventas. En ese caso, la idea traería consigo una creencia: el conocimiento público asegura, por ponerle un nombre más o menos popular, alto rating editorial. Error. La experiencia lo demuestra.
Dice Pablo Avelluto, director editorial de Random House, editorial que contiene entre otros a los sellos Sudamericana y DeBolsillo: “Mi historia como editor está colmada de fracasos editoriales con libros de o acerca de personajes conocidos que han vendido muy pocos ejemplares. Ya sea porque los libros no eran lo suficientemente buenos, o porque el público no esperaba que aquellos personajes famosos escribieran o, directamente, no estaban interesados en sus historias”.
No existe la receta que garantice el éxito editorial en estos casos, es cierto. Pero eso no significa que no haya una que lo vuelva, digamos, más probable. Sebastián Ansaldi, gerente de Marketing y Comunicación de Editorial Planeta, describe una que sí hace más posible la venta de libros:
“Por un lado, las celebridades o los mediáticos tienen buena llegada a los medios, de modo que estos lanzamientos son acompañados de una muy buena cobertura publicitaria. Ese tratamiento mediático, además de contribuir al boca a boca, contagia de entusiasmo al librero, que también entiende las potencialidades de la venta y le da buena exhibición al libro. También, por supuesto, interviene la variable del contenido. En general se trata de temáticas que las editoriales entienden que son demandadas por un tipo de público y, por sobre todas las cosas, escritas por una firma reconocida por la gente”.
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