En busca del punto mas allá del infinito

Susana Esther Mazzantini es numeróloga y se expresa con la fuerza que le confiere el poderoso número 9, que simboliza la evolución y la maestría. Gracias a las concepciones artísticas que rescata del tarot español y otras disciplinas, los trucos de la vida quedan rendidos ante la revolución más evolutiva: la del amor.  
Autor y fotógrafo: Roberto Villamil

Nacida el 6 de septiembre de 1965 (Virgo en el horóscopo occidental y Serpiente de Madera en el chino), efectivamente durante la entrevista se manejó con la sapiencia del maestro: ordenada, aplicando las normas pedagógicas básicas, ejemplarizando cada concepto dado y también usando la psicología, norma fundamental del buen maestro.
En cuanto a sus consultas nos dice: “Cuando el consultante viene ávido de respuestas concretas por un si o un no, yo les hago ver quien es y para que vino. La respuesta saldrá del propio consultante”.
No en vano Susana es maestra de pintura, su profesión de vida, egresada de Bellas Artes en la escuela de la Carcova y Prilidiano Pueyrredon. Su misión elegida es la de artista para dar testimonio de las escenas de la vida concreta existencial y por paradoja también es una artista en desentrañar las escenas de la otra vida invisible, la espiritual. En ambas se desarrolla con maestría singular.

Sus inclinaciones hacia lo esotérico le vienen por los genes de la familia materna. Su abuela y las hermanas de estas, o sea sus tías abuelas, eran descendientes de celtas gallegas y se movían dentro de un pensamiento mágico. Se llenó de esa etapa del conocimiento por la transición de innumerables historias mágicas. Pero un hecho traumático, como lo es estar entre la vida y la muerte, le marcó el punto inicial de su derrotero dentro del mundo de los fenómenos esotéricos.
Resulta que con 19 años y en gravísimo estado, en una sala de terapia intensiva, cierta noche se le presentó un enfermero, con todas las características de ser cubano por su fonética. Aclara que su abuelo materno fue cubano, y que participó en las revueltas de su país para independizarse de la bandera española que dominaba por aquellos días. Este enfermero le dijo: “Niña, tienes que vivir para hacer la revolución, pero no te confundas, que no es la revolución que estás pensando… la única revolución es el amor, que es lo único que puede salvar a la humanidad’’.

Una doctora y un residente joven que integraban esa noche la guardia de terapia intensiva del Hospital Alemán, participaron de la conversación y se integraron a la interesante tertulia. “En un momento me dormí profundamente. A la mañana siguiente, recuperada del estado de gravedad, le conté a mi madre lo sucedido y le encomendé que fuese a ver al enfermero cubano para agradecerle lo amoroso de su gesto. Extrañamente nadie lo conocía, ni figuraba como personal de la dotación del nosocomio, por lo que comprendía que su visita y su charla habían distraído a la muerte, que sin dudas, había venido a buscarme. Eso me marcó a fuego y comprendí que tenía por delante un camino por recorrer. Un camino cuyo basamento estaba sostenido por la propia experiencia” relata con entusiasmo la experta en numerología. 
NUMEROS DIVINOS

Luego de esa experiencia, varios maestros la orientaron a desarrollar las distintas mancias pero ella intuía que había un conocimiento innato que estaba sostenido por las historias familiares. Cuando le requerí que cuente como llegó a la numerología me sorprendió la respuesta: “Los números tradicionales, los que nos enseñan en la escuela, no eran para nada comprensibles ni los quería. A pesar que en mi familia los números son cosas cotidianas, porque tengo una hermana arquitecta y un padre químico que han hecho de los números su pasión cotidiana, recién en la secundaria me conecté. Una profesora de apellido Villamil, me enseño el verdadero significado de ellos, de su importancia en la vida diaria. Sin los números no habría posibilidad de desenvolvimiento alguno y todo sería un caos. Allí llegue a entender el verdadero valor de las matemáticas y su fundamental importancia. Mi vida dio un vuelco”.
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