Sin maquillaje
Cuestión de pesas
Volví de las vacaciones de invierno con 4 kilos de más. Cuatro kilos que, sumados a los 5 extra que vengo acumulando totalizan 9. ¡Nueve kilos! Es como si me hubiera comido a mi sobrina de 5 años, un pack de 6 Coca Light de litro y medio, o al perro de mi ex… ¡Qué horror!
Justo cuando estaba por decidirme a redondear en 10, mi madre me regala un freepass para un megagimnasio.
Mi madre: Leudaste Marinita. Con lo bien que te queda que se te marquen los huesitos, no entiendo cómo te dejaste estar hija. ¿Cuánto engordaste?, ¿sabés?
Yo: (agarrando la última medialuna rellena con jamón y queso) Lo mío no es gordura, ¡es generosidad!
Y aunque juro que la hubiera ahorcado con las cuerdas de la guitarra tomé “su regalo” como una señal y acepté el pase solo porque tengo un casamiento y me va a venir fantástico el programa. Como además me encantan los cambios, empecé la dieta, me compré unas pastillas para adelgazar y una faja.
Si naturalmente tengo peor humor que Mirtha Legrand en un corte, a dieta y empastillada soy un dóberman entrenado para matar. Si yo fuera mi entorno evitaría todo tipo de contacto conmigo durante los próximos tres meses. Eso sí, a esa boda llego histérica pero -si no con el cuerpo- al menos con la carita de enferma de Kate Moss después de una noche de desprolijidades.
Tomé coraje y me anoté.
La rubia de la recepción luego de hacerse la linda con el musculoso de turno: “Ay, cortala Mariannn”, y después de cerrar -canchera- su celular con cámara, mp3, radio am/fm, espejo, aire acondicionado frío/calor y bidet, me indica:
Rubia: En el salón están los profes que te van a armar una rutina, ¿ok? Permitime tu carnet. ¡Listo Mari!
Pienso, “La próxima vez que me digas ‘Mari’ te desnuco con una mancuerna”, pero me autocensuro y le sonrío falsa.
Al pasar el molinete me aborda la versión 3d de Johny Bravo:
Johny Bravo: Hola, soy Marcelo, contame cuánto hace que no hacés actividad física y cuáles son tus objetivos. ¿Querés tonificar? ¿Perder peso? ¿Ganar resistencia?
Yo: (Sí... resistencia a los alfajores). Sí, sí, todo eso, pero a las ocho me tengo que ir.
Todos los profesores de gimnasia se llaman Marcelo, Gustavo o Christian y les gusta que les digan “profe”.
Marcelo me llevó directo al primer piso, que es el sector donde están las cintas, las bicicletas fijas y esos aparatos que promocionan en +TV Compras+ astros yanquis retirados del fisicoculturismo y misses universo latinas en el olvido.
Johny Bravo: ¿Hacemos una entradita en calor?
Otra cosa: los profes dicen “trabajamos”, “hacemos”, “corremos”… Utilizan sin el más mínimo pudor el “yo inclusivo” y tienen un exceso de buena onda y energía que me resulta simplemente irritante. Sospecho de la gente que no está de mal humor al menos dos veces por semana.
SI TE QUEDASTE CON GANAS DE MAS SALI A BUSCAR EL PLANETA URBANO DE AGOSTO