Sabias baulas

Elogios para una experiencia de conservación de las tortugas marinas más grandes del universo conocido. En el Parque Nacional Cahuita, de Costa Rica, primer país en abolir el ejército, también se preocupan por preservar la naturaleza y cuidar la vida de especies animales en peligro de extinción.

Autor y fotógrafo: Martín Leandro Trejomovich.

Formar parte de un proyecto de Investigación, siendo parte del engranaje del relevamiento de datos para el conocimiento y el entendimiento de movimientos migratorios, en este caso para la conservación de las tortugas marinas, logra provocar asombro mantener vivo el amor por la naturaleza. Viviendo en el Parque Nacional Cahuita, con la música de los monos aulladores, el mar caribeño a sus espaldas y la orquesta de sonidos que el resto de los animales e insectos nos ofrecen es algo realmente único. Formar parte y ejercer como un activista ecológico con el único fin de salvaguardar especies con riesgo científicamente demostrado de extinción en los próximos 15 o 20 años hace que todo lo relatado hasta el momento sea aún más intenso. Simplemente se podría reducir a la maravillosa sensación de ser parte de la solución del problema. Si simplificamos podemos hablar de una gran tranquilidad y paz interior, que se resume en una gratificación por lo que la naturaleza nos brinda, o intentó brindarnos en un principio, ya que la naturaleza no es algo que heredamos de nuestros padres, sino que tomamos prestado de nuestros hijos.

Rodeados de una cantidad aproximada de 15 voluntarios de todas partes del mundo, se reparten y delegan diversas tareas con el principal objetivo de evitar que los huevos de las tortugas sean robados para luego ser vendidos a módicas sumas de dinero y así poder satisfacer cierto gusto superficial e innecesario de personas egoístas, a las que no les interesa más que la gratificación personal y son ciegas a cualquier realidad que no sea la propia. Sin ser un dato menor, actualmente la tasa de robos de huevos en la zona que abarca desde playa Blanca en Cahuita hasta Playa Negra en Puerto Viejo es mayor al 95%. Aunque sea penado por la ley, al no tener apoyo de la fuerza pública, lo único que resta por hacer es evitar civilizadamente este tipo de trágicas prácticas para poder vivir el mágico encuentro de las tortugas cuando están ovulando y poder recolocar sus huevos.

No obstante, los expertos ladrones, acompañados de sus perros, a veces logran encontrar los nidos reubicados y camuflados. Sin importar las diversas y distintas técnicas de camuflaje que nosotros podamos tener, los nidos están expuestos a ser expropiados. Pero una cosa sí es segura: cualquier descuido llevaría a la pérdida de los 80 huevos fértiles de tortugas baulas. Una simple desatención, como uso de luz blanca en nuestras linternas especiales o huellas indebidas delatoras de nuestro trabajo haría que todo nuestro esfuerzo sea en vano. A eso último se podría agregar que solo 1 tortuga entre 1.000 llega a la adultez reproductiva.

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