Tribus urbanas
Buenos Aires je t’aime
Cada vez son más los extranjeros que eligen la Capital Federal como destino de estudio. Viven juntos en departamentos y se quedan meses e incluso años. Palermo, Recoleta y San Telmo son los barrios por donde se mueven.
Autoras: Micaela Vacca y Ana Paula Crespo / Fotógrafo: Víctor Candia
Ninguno la conocía. Sin embargo, no dudaron en ir hasta ella cuando surgió la oportunidad. Empezaron a prepararse con tiempo y hablaron con las personas que ya la habían visitado. Esta no era una cita cualquiera, no era en un bar cercano ni en una plaza del barrio. Para llegar tuvieron que armar bolsos y, pasaje en mano, despedirse de sus familias. Pero todo valió la pena. Los esperaba Buenos Aires.
Las similitudes entre ellos no son una condición natural, es más bien un estado transitorio, es el carácter que les da el hecho de ser extranjeros. Tienen orígenes y costumbres distintos y hasta pueden hablar diferentes idiomas, pero todos son forasteros en la Argentina.
Es por eso que nace un lazo que los une más allá de su nacionalidad: el desarraigo, la lejanía de los seres queridos y no conocer a nadie en la ciudad hace que se agrupen como una verdadera tribu, una “comunidad” que crece año a año gracias al cambio monetario que los beneficia, la buena oferta académica y la riqueza cultural del país. Y no son pocos los que deciden buscar nuevas experiencias lejos de sus casas: son más de 23.000 los extranjeros que eligen la Argentina como destino para estudiar.
“En un año y medio hice solo una amiga argentina, el resto de mi grupo de conocidos está conformado netamente por extranjeros. Nos juntamos porque vivimos las mismas situaciones y estamos bastante solos”, dice Juan José Arriagada, un estudiante de fotografía en la Universidad de Palermo, de 26 años. Habla con un acento chileno que trae desde Chillán, una ciudad al sur del país trasandino. Su compañero de departamento es Jorge Cárdenas, un ecuatoriano de 23 años que lleva más de dos en la Argentina, no solo estudiando y trabajando, sino también dedicándose a “farrear”, según sus propias palabras. “En Buenos Aires todos los días hay algo para hacer. Discotecas, bares. Y además ser extranjero es un plus a la hora de conquistar una chica. La tonada ayuda”, remarca Jorge con una simpatía que desborda. “La primera vez que salí a farrear fui a un boliche y vi a los hombres bailando todos juntos… pensé que me habían llevado a un lugar gay. Hasta que me explicaron que acá no se suele salir en pareja. En Ecuador es diferente porque la salsa se baila de a dos”.
San Telmo se lleva todos los halagos, pero caminar a cualquier hora por las calles de Palermo es también una de las opciones más elegidas. “Me gusta Buenos Aires porque si estoy aburrido en mi departamento, aunque sean las 5 de la mañana, puedo salir a dar una vuelta. Me siento bastante seguro andando por la Capital”, opina Alejandro Hernández, un “rolo” (como se les dice a los colombianos de Bogotá) de 25 años, que llegó hace cuatro meses y que tiene planeado hacer toda la carrera de arquitectura en Buenos Aires.
Los barrios que más frecuentan los extranjeros son Recoleta, Palermo, Barrio Norte y San Telmo. Cuando llegan a la ciudad lo primero que hacen es buscar un hostel, que en casi todas las experiencias sirve para encontrar compañeros con quienes alquilar un lugar para vivir.
SER DE AFUERA CUESTA CARO
Los que trabajan ganan en pesos. Los que reciben dinero de sus familias a través de transferencias bancarias no pueden sacar más de 300 pesos cada vez que retiran plata de un cajero. Y cuando lo hacen les cobran 7 dólares. “Es imposible alquilar un departamento a un precio económico porque siempre nos piden garantía. Pagamos rentas en dólares que aumentan a menudo”, cuenta María Angélica González, una colombiana de 26 años que vino a la Argentina hace dos meses.
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