Tribus urbanas
Encañonadas

El pole dance o baile del caño ha dejado de ser propiedad de clubes nocturnos y programas de televisión para invadir escuelas especializadas y gimnasios de barrio. Quienes lo practican aseguran que transforma el cuerpo, elimina la timidez y colabora para aumentar la autoestima. Qué es lo que hay que saber sobre esta disciplina que llegó para quedarse y cada vez atrae a más mujeres.

Autora: Clara Cook / Fotógrafo: Nicolás Faig

Para estar en forma, mejorar el cuerpo, llegar flexibles al verano y sentirse bien, las mujeres han probado de todo. Aerobics, steps, tae-bo, yoga, spining, pilates, aparatos… las disciplinas se multiplican a la hora de intentar (al menos) reducir centímetros.
Y entre las nuevas actividades hay una que viene sumando tantas adeptas como problemas maritales. Es el pole dance, pero todos lo conocen como baile del caño. Gracias al gran empujón y a la publicidad que le dio Marcelo Tinelli en +Bailando por un sueño+ 2007, cuando no se hablaba de otra cosa que del bendito elemento, algunos se dieron cuenta de que ahí había un nicho vacío -y por qué no un negocio- y abrieron escuelas para enseñarles a las mujeres a contornearse alrededor de él.
Pero no solo de treparse y “sacar la perra de adentro” –citando a Moria Casán- va esto, sino que la mayoría de las mujeres lo están tomando como una actividad física más, aunque sin ánimo de terminar en el caño de algún club nocturno. “El pole dance es una actividad muy completa a la hora de entrenar el cuerpo de la mujer. Se estima que la actividad aporta una quema de entre 300 y 500 calorías por clase y mucho trabajo de fortalecimiento muscular. Además, no solo es muy completo desde la parte física, sino que tiene el condimento que les falta a otras actividades: el trabajo de la sensualidad y el aporte a la autoestima”, explica Mara Latasa Saloj, Directora General de Art Dance Studio, una escuela ubicada en Recoleta, donde 200 mujeres de entre 17 y 60 años aprenden a trepar el preciado metal.
Daniela Schmoll es profesora de Educación Física, practica pole dance desde hace un año y medio y es profesora en Arte Dance Studio desde septiembre del año pasado. La sensación que se experimente depende del sexo de quien la mire. Los hombres seguramente quedarán con la boca abierta, los ojos desorbitados y una cara de “no-puedo-creer-lo-que-estoy-viendo”; mientras tanto nosotras, un tanto más complicadas tal vez, podemos pasar del “si tiene ese cuerpo por bailar en el caño me anoto mañana”, o “que mi novio no la vea nunca porque me mato”. Lo cierto es que, además de sus atributos, se despliega en el caño mientras le hacen las fotos con una facilidad admirable y una destreza que denota la habilidad física que otorga la disciplina. “El cuerpo cambia un montón con el pole dance porque hay muy pocos deportes en los que vos puedas trabajar con tu propio peso. Yo peso 53 kilos y no hago bíceps con pesas de 53 kilos; en cambio, acá los levanto. Entonces el cambio se da solo”, cuenta.

CAÑO PARA TODOS
Como es sabido, el baile del caño es originario de los Night Clubs, y el cine ha usado esta locación para situar más de una escena de alguna película típicamente hollywoodense. Quizás una de las más recordadas sea la que interpretó Demi Moore en la olvidable Striptease.
Pero la disciplina salió de los clubes y se trasladó al gimnasio inicialmente en Europa hace alrededor de seis años. “Muchas bailarinas vieron que podía ser una actividad muy completa a la hora del entrenamiento físico de la mujer”, cuenta Mara. El pole dance no tardó en explotar y en la actualidad Estados Unidos, por ejemplo, posee más de 80 escuelas. En Latinoamérica la adaptación no es tan fácil y fue recién después de Bailando por un sueño que se abrieron los primeros estudios en la Argentina, que hoy cuenta con 3 escuelas dedicadas completamente al baile del caño, además de gimnasios que también ofrecen la disciplina en versión más fitness. Le siguen Venezuela y México, pero el arraigo es lento. Así, nuestro país es pionero en Latinoamérica en pole dance y cada vez son más las mujeres que cambian la clase de localizada por el caño.

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