Tribus urbanas
Protesta en dos ruedas

La Masa Crítica llegó a Buenos Aires. Como movimiento implica una celebración ciclista que se realiza en más de 300 ciudades de todo el mundo. Su principal objetivo es entorpecer el tránsito para reafirmar, entre otras proclamas, sus derechos en las calles.

Autora: Solange Levinton / Fotografías: Federico Ferrara

Imaginemos que son las seis de la tarde. Estamos volviendo del trabajo en auto y, como en toda selva impera la ley del más fuerte, nos sentimos los dueños de la calle. De pronto un centenar de ciclistas en caravana se apodera del asfalto y quedamos a su merced. ¿Cuál sería su reacción?

Es que mientras en nuestro país colectiveros y taxistas debaten acaloradamente la aplicación o no de carriles exclusivos que favorecen y/o perjudican los intereses de unos y otros, ellos, un grupo más sigiloso y anónimo, avanza abogando por una tercera posición que excluye totalmente de la cinta asfáltica cualquier rodado motorizado.
No son ecologistas ni partidarios de alguna bandera política ni deportistas dogmáticos: son solo parte de la Masa Crítica (MC), una “celebración ciclista” que se realiza una vez al mes en distintas ciudades del mundo con el objetivo de entorpecer el tránsito para reafirmar, entre otras proclamas, sus derechos en las calles.

Sin embargo, aunque pueda sonar como un movimiento grandilocuente y súper constituido, lo cierto es que desde la MC aseguran ante todo que ellos no son una organización, sino que se definen a sí mismos como una “coincidencia no organizada”. Veamos un poco de qué se trata.

LOS ORIGENES
La idea de este entuerto sobre ruedas comenzó en 1992 en San Francisco, California, de una manera bastante simple y, sobre todo, inesperada: los pioneros de toda esta movida fueron un par de ciclistas que, reunidos para protestar por las malas condiciones de tráfico terminaron ocasionando un caos vehicular. Y claro, tras el éxito insospechado decidieron convertir la experiencia en una marca registrada que repetirían invariablemente una vez al mes.
Así lo que comenzó con una modesta cifra de 58 personas se fue multiplicando hasta alcanzar, un año más tarde, los mil ciclistas. Y, globalización mediante, esta práctica fue diseminándose por distintos lugares, cada cual con un toque propio, hasta reproducirse en más de 300 ciudades de los Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, México, Chile, Argentina, Ecuador, Puerto Rico, Brasil, Israel y distintos países de Europa.

Y si bien en cada caso los resultados fueron diferentes, en líneas generales se obtuvieron importantes mejoras, no solo para los ciclistas, sino también en lo que se refiere a la toma de conciencia de todos los ciudadanos. “Es que pareciera que los transportes en cada ciudad están colapsando. Acá en Buenos Aires recién se está empezando a vivir el +Rush+, pero en San Pablo desde hace por lo menos dos décadas hacer 20 cuadras en horario pico lleva un par de horas. Mucho peor es en Nueva York o en Londres”, explica Leandro Caffarena (36).

En Buenos Aires ningún participante de la Masa Crítica pudo dar demasiadas precisiones sobre cómo se inició el movimiento ni cuánta gente forma parte de él: “No hay miembros porque no es una organización. En las marchas hasta ahora participaron unas sesenta personas”, dice Nadine Pirker (21), una estudiante de intercambio que se sumó a la MC en octubre, aunque ya había participado de la experiencia en Viena.

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