Viaje al fondo de la ciudad
La editorial Aguilar publicó Buenos Aires Bizarro, del periodista Daniel Riera. Un mapa alucinante con ventrílocuos, restaurantes a oscuras, sacerdotisas paganas y una liga profesional de metegol. Travesía por la metrópoli que espera más allá de los circuitos de turismo.
Por Martín E. Graziano / Fotografías: Cortesía Editorial Aguilar
Para un porteño no hace falta salir de Buenos Aires para viajar. Y ya no para hacerse una escapada, sino para extraviarse lejos, con destinos exóticos, costumbres excéntricas y personajes inverosímiles. El paso cotidiano y el opio de la rutina dibujan un velo sobre las puertas a los otros mundos que acechan en cada cuadra. Quizá por eso el periodista y escritor Daniel Riera -secundado por el fotógrafo Diego Sandstede- salió en busca de la travesía: para buscar esas puertas y cruzar su umbral. El diario de todo el periplo quedó registrado en el libro Buenos Aires Bizarro, una asombrosa guía alternativa que explora la ciudad como si se tratara de aquella cosmopista de los autonautas comandada por Cortázar. Buenos Aires como el Aleph de Borges, encerrando en un diámetro el inconcebible espacio cósmico. Buenos Aires como una gigantesca hidra, bestia mitológica de nueve cabezas que, una vez decapitada, de cada cuello degollado afloraban dos nuevas y resplandecientes cabezas.
Daniel Riera salió al ruedo con grabadores y cuadernos para emprender el periplo por su propia ciudad. Como si Marco Polo nunca se hubiera tomado el trabajo de salir de su Venecia natal y los nuevos mundos los hubiera encontrado a la vuelta de la esquina. Los descubrimientos de Riera no son poca cosa. Por las páginas de +Buenos Aires Bizarro+ deambulan desde una mujer esculpiendo figuras en nabos y zapallos hasta un viejo restaurador de muñecas de porcelana y un hombre capaz de canalizar espíritus extraterrestres. Hay un atroz museo de cadáveres, una peluquería especializada en futbolistas y un Círculo Chamánico para volar sin psicotrópicos. En Constitución se puede comer al paso en Pancho Sosa, el Varón del Pancho, y en el Paseo de la Recova se puede visitar una gran estatua para reivindicar el dedo gordo del pie. Una esquina del laberíntico Parque Chas une la calle Bauness con la calle Bauness y, en el Cementerio de la Recoleta, esperan dos fantasmas con el mismo nombre.
LOS PREPARATIVOS
El formato de la guía alternativa por la ciudad -“la más extraviada de las guías”, según el subtítulo-, no es nuevo. El periodista norteamericano Jim Fitzgerald trabajó sobre Los Angeles y el chileno Sergio Paz hizo lo propio con su Santiago Bizarro. “Fue una propuesta de la editorial -recuerda Riera, actual editor de Barcelona y cronista de revistas como Gatopardo y la colombiana Soho-. Les dije que me interesaba porque todo ese universo tiene que ver con muchos de mis intereses periodísticos. Era un libro que, a pesar de que me lo habían encargado, podía hacerlo mío tranquilamente, darle mi identidad y mi estilo. Y tenía un gran margen de libertad para laburar”.
Con una perspectiva relajada, pero casi antropológica, el libro se aventura por terrenos extraños. Riera se deja llevar y se asombra con cada uno de los lugares y los entrevistados: “A veces se usa la palabra ‘bizarro’ con connotaciones peyorativas o irónicas, y la verdad es que creo que no hay nada más lejano al espíritu de este libro. Me parece que, en este caso, la idea fue muy todo lo contrario: dejar que fluyeran los mundos de la gente que los protagoniza”. De ese modo, al encontrarse con un peluquero de Chivilcoy, líder del Movimiento Raeliano en la Argentina, el periodista se maravilla con sus revelaciones sobre extraterrestres y clonación humana. “Hubiera sido muy fácil ponerme en Majul, en banana -aclara Riera-. ¡Me revienta esa cosa pseudo-incisiva! Yo quería abrirme a cosmovisiones diferentes a la mía y compartirlas con el lector. Me parece que es un libro que tiene cierto espíritu democrático en ese punto. Todo lo contrario al estereotipo televisivo del fascista con la cámara oculta que va a desenmascarar al diferente”.
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