Amaya Bouquet
De frente

Su obra abarca desde tallado de cristal hasta esculturas de mármol. Con un pasado en la fotografía, asegura que le importan las obras que generan trascendencia. Directa y frontal, critica muchas de las banalidades que rodean al mundo artístico.

Por: Ignacio Magurno / Fotografías: Cortesía Amaya Bouquet

Una mesa, un sillón, la computadora y el televisor. Las postales clásicas de una casa no escapan a las del living de Amaya Bouquet. Allí casi no hay rastros de su obra, solo se advierte la simpleza de su moradora. Dice que está algo engripada, pero se pasea descalza por el parqué del piso solo vestida con un short, una remera suelta y poco abrigo. Al cabo se pondrá una bata, pero será anecdótico, como el infortunio de la primera pregunta: que ya se cansó de la fotografía; que se aburrió. Ahora el vidrio, el cristal y el mármol son sus aliados artísticos, no más la lente de la cámara, eso quedó clarísimo.
En realidad no importa de quién es hija, de eso prefiere no hablar; para qué, si siempre terminan preguntándole sobre la madre. Por qué caer en la redundancia y el hartazgo cuando es ella la del talento. Sí, Amaya Bouquet en persona. ¿La hija pródiga? No, eso ya dijimos que no es relevante, porque ni siquiera le importan la fama y el dinero. Tiene una personalidad avasallante la hija de Maitena (no diremos nada más), y eso la hace interesante. Mucho más importante resulta su carrera artística, ésa que cultiva a diario, pese a su juventud, pero consecuencia de una actitud estoica y bastante determinada para lograr lo que quiere.

Hago esculturas y objetos con vidrio y con cristal. Empecé a partir de la fotografía, interviniendo catálogos de distintos periodos de la pintura con caireles y cristales de arañas viejas; recién después me di cuenta de que lo que más me gustaba era la colección que tenía de cristales; más que las fotos que hacía con ellos. Ahí empecé a estudiar cristalería y tallado de cristal. Empecé a intervenir imágenes antiguas directamente con los cristales y hacía objetos con eso. También dejé de intervenir postales antiguas y pasé directamente a hacer el tallado de cristal con unos fondos plenos, de colores plenos, sin intervenir ninguna imagen preestablecida. Durante el año pasado hice una serie de cristal, y ahora para arteBA voy a presentar las últimas piezas”, cuenta Amaya Bouquet.
“Estoy estudiando escultura con Omar Estela, que es un escultor clásico. Estoy haciendo mármol. Y quiero estudiar con Mónica Girón, que espero me acepte en el taller. Me interesan los materiales nobles. Siempre trabajo con madera, con vidrio, con cristal, cera, mármol. No me gustan los materiales sintéticos para mi obra. Trabajo con materiales que perduran en el tiempo, e incluso te trascienden a vos mismo. Una pieza de mármol sigue condicionando a los observadores durante cientos de años”, agrega.

¿Qué virtud es la que te define como artista?
Observar. Soy muy buena observadora. Me puedo dar cuenta si algo está un milímetro torcido simplemente mirando. Soy muy obsesiva y metódica con los detalles. Cuido mucho todos los aspectos de la obra. Soy muy detallista; es muy difícil que encuentres una obra mía que esté tachada, o torcida, o que esté mal presentada. En ese sentido soy muy limpia.

¿Qué artistas te influyeron?
Busco mis influencias de todos lados, desde la arquitectura, la pintura, la música, el cine. Leonardo Da Vinci, Anish Kapoor, que es un artista indio, me gusta mucho. También Bernini (Gian Lorenzo), Caravaggio, Alejandro Jodorowsky, David Lynch. De acá Rogelio Polesello, Max Gómez Canle, Silvina Ocampo, Hugo Soto. Muchos en realidad.

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