Pichón Baldinú: El dueño del aire

Fue uno de los fundadores de De la Guarda, el grupo teatral que revolucionó la realización de un espectáculo. Estuvo en la marquesina de Broadway, donde integró la producción de muchos éxitos de Disney. Hoy, al frente de su productora Ojalá!, está listo para estrenar Hombre vertiente, una obra con la que promete seguir sorprendiendo.

Cuando de chico quería ser actor, ni cerca estaba de imaginar ese mundo de arneses y sogas que lo catapultaría al éxito. Pero, inconscientemente, algo insinuaba de aquello que luego transformaría en una realidad. Es que dice haber sido siempre muy volado. Pichón Baldinú es una de esas personas que parecen gozar de una paz interior envidiable. Al menos por la serenidad con la que contesta las preguntas -como alguien curtido del trajín-, y por la sensación de tranquilidad que transmiten sus palabras.
Cuenta Baldinú que “Hacelo villa villa” fue la frase con la que resolvían los problemas que se presentaban en el grupo y que requerían de una solución rápida y sin mayores estridencias: hacelo así nomás, atalo con alambre. Villa Villa se convertiría luego en el espectáculo estrella de la agrupación teatral De la Guarda, que Pichón Baldinú fundó y lideró durante años de éxito en todo el mundo.

¿Cómo nació la idea de De la Guarda?
Fue un proyecto que hice con Diqui James, después de la Organización Negra, una compañía que había fundado antes. Nos juntamos para seguir un camino de experimentación artística, donde había que formarse nuevamente, con la ambición de encontrar respuestas a esas incógnitas artísticas que tenían que ver con generar un nuevo lenguaje, con seguir experimentando, con poder vivir de eso. Había muchos desafíos por delante.

¿Ya desde chico te veías rompiendo las estructuras de lo que suele ser un espectáculo convencional?
No, de chico quería ser actor. Me gustaba actuar, interpretar personajes, siempre fui muy volado. Era más la inclinación o el placer por la ficción, por generar personajes de ficción y jugar con eso, que era el verdadero sentido de actuar. De la mano de actuar está actuar “en qué”, que fue lo que empecé a desarrollar, a tal punto que trabajaba más en ese ámbito que actuando. Había que armar el campo para después actuar. Llegó un momento en que lo que habíamos armado fue tan próspero que después nos tuvimos que dedicar a encontrar y entrenar a la gente que se quedaba a actuar en eso que habíamos armado, que fue el caso de De la Guarda.

¿Era una cuestión muy interna de ustedes generar algo así?
Era un desafío artístico muy interno. Ese primer año el desafío era poder volver a formar esa plataforma de investigación para desarrollarse artísticamente; y poder armarlo de tal forma que lo que hiciéramos nos permitiera seguir en ese rumbo. Vivir de eso, pero al mismo tiempo tratando de encontrar satisfacciones artísticas. Eso sí era muy interior. Teníamos muy en claro hacia dónde queríamos ir y era una energía bien encaminada. Más allá de que gozábamos de muy pocos recursos, existía la voluntad y todo lo aprovechábamos y lo explotábamos para generar más cosas.

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