El as de la ilusión

Carlos Barragán es el primer y único Campeón Mundial de Magia en la categoría Grandes Ilusiones de Latinoamérica. Y es argentino. Tercera generación de una familia de magos, se adueñó de su destino para ser el mejor.

Por María Nicolini / Fotografía: ULM Creative

La primera vez que se subió a un escenario tenía apenas 3 años. Como tercera generación de magos y primogénito, algo tenía que hacer aquel día donde había más de 2.500 personas mirando el primer show de su padre. Y aunque estudió teatro, canto y danza, lo de mago era un destino que parecía no poder torcerse. Y mal no le fue.
En 1997 y luego de estar vacío por 15 años, el Campeonato Mundial de Magia en la categoría Grandes Ilusiones volvió a llenar su podio y el que subió fue nada menos que Carlos Barragán, el primer y único mago latinoamericano (y es argentino, señores) en ganar dichos laureles.
Pero aunque ese es, sin dudas, su mayor galardón, en su carta de presentación también se lucen orgullosas varias misivas que reafirman que éste no es cualquier mago de cumpleaños. No, no. Es un ilusionista que tiene como padrinos a Siegfried & Roy, los conocidos magos del tigre blanco; que fue invitado nada menos que por la corona de Holanda para divertir a los invitados del casamiento de la princesa Máxima; que fue nominado para el premio Estrella de Mar 2007 por el espectáculo que presentó ese año en Mar del Plata; y tantas otras cucardas que luce este brujo del siglo XXI que afirma que adora lo que hace.

¿Cómo fue la emoción de ganar el mundial?
Compiten entre 3.000 y 4.000 magos durante 10 días desde las 8 de la mañana hasta que las velas no ardan; un mago atrás del otro. Fue muy emocionante porque de entrada no éramos los favoritos de Europa, más que nada por venir de Latinoamérica. Esto fue el 9 de julio de 1997, pero es un título nobiliario, de por vida, por eso es que también es tan estricto el tema, y somos muy pocos los campeones mundiales y se pueden dar el lujo de dejarlo desierto. Realmente fue muy emocionante porque ya empezaba a vibrar esa cosa de que eras el numerito puesto y uno ve que la gente ya te empieza a mirar de otra forma, pero en realidad nunca lo sabés hasta ese preciso momento que te nombran, porque puede venir otro mejor que vos. Cada tanto cuando pongo el video de la entrega de premios, es muy conmovedor porque estalla una ovación tan gigantesca que te hace pensar, ¡uou!, nosotros generamos esto.

¿Por qué creés que pasan los siglos y la magia sigue causando emoción y asombro?
Para mí los magos somos como un puente entre lo que está más allá y el espectador. Entonces en un mundo donde de golpe vos apretás un botón y tenés todo, que alguien pueda desconectarte de ese mundo de silicona y silicio y te lleve a un mundo irreal pero real, donde de golpe podés ver algo a centímetros de tus ojos y no saber qué pasa. Eso está buenísimo. Además, el hecho de que seamos el puente entre lo que está más allá que todo el mundo quiere alcanzar y el espectador, al público lo atrapa, y a mí como mago me hace tener una función, un destino.

EL JUEGO DEL ASOMBRO
Hay algo que llama la atención cuando lo escuchamos hablar a Carlos Barragán: jamás menciona la palabra “truco”. Juego y efecto son sus preferidas y tiene una respuesta muy clara para esto: “Truco es una palabra que detesto, porque es como estar diciendo es falso; es lo mismo que decir ‘te estoy engañando’”.

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