Vuelo energizante
Un solista de lujo uruguayo que, desde la escena de Argentina, despegó para aterrizar en la plataforma de Francia junto a un grupo progresivo de chilenos. Los instrumentos musicales fueron y son su bandera y les permitieron conquistar casi todos los ritmos sonoros. Pensamientos de alta cultura.
Por Ramón Zumba / Fotógrafo: Héctor Gómez.
Podríamos empezar por tu aporte a Los Jaivas…
Me tocó liderar una generación siendo muy joven. Como siempre me gustó hacer covers de cosas que para mí son referentes importantes y habíamos visto un disco de los Los Jaivas hicimos una versión de uno de sus temas. Al llegar a Buenos Aires se enteraron de que había un uruguayo que estaba haciéndolo. Me invitaron a venir a Buenos Aires en la época del golpe de Estado en Uruguay, y como se estaba complicando mucho estar ahí me vine. Hicimos un par de shows juntos. Una noche me dijeron: “Loco, pero en lugar de irte a Uruguay, vení de gira por toda la Argentina, ¿por qué no te quedás con nosotros aunque sea un tiempo? Me costó progresar y unirme al grupo, la idea era un desafío, una oportunidad en la vida. En el fondo duró como doce años, pero al mismo tiempo yo también tenía proyectos personales que quería desarrollar.
Tocaba muchos instrumentos y tomar el bajo fue una etapa más, así que compartíamos las funciones musicales. Pero por esto de las dictaduras decidimos irnos. Nos demoramos un tiempo en poder salir y recién llegamos a Francia en el ´77 para firmar un contrato que teníamos con EMI por cuatro discos más, pensando que nos volvíamos en un año o dos. Nos quedamos y entonces ahí decidí retomar mi camino solista, pero siempre conservando el contacto con ellos. Mi colaboración se dio hasta el ´91, cuando terminamos haciendo una gira por Chile y Uruguay.
¿Qué rescatás de tu etapa solista?
Te cuento una anécdota. Cuando era adolescente había descubierto el jazz y el bebop. Me encontré con una colección de un sello llamado Village Vanguard, que a los artistas les hacía hacer discos en vivo en clubes y teatros. Había una colección específica en el famoso Carnegie Hall de Nueva York, y en la contratapa del disco se veía a los músicos y a la banda, fotografiados en contraluz de espaldas desde el fondo del escenario, y se veía toda la iluminación imperial. Y otro día, completamente inconsciente, estaba mirando uno de esos discos, puse el dedo en el escenario y dije: “Voy a estar parado acá”. Pasó el tiempo hasta que, de adulto, me tocó entrar por el fondo del escenario del Carnegie Hall a tocar, pero no me daba cuenta en ese momento de que ya lo había pensado. Y cuando vi las luces me dije: “No puede ser, estoy en la contratapa del disco”. Ese fue uno de los sueños de la vida real y es una de las cosas que me ha probado que ser idealista es re coherente.
Después me tocó trabajar con Peter Gabriel, y con Jeffrey Orema hicimos una gira mundial en dúo muy linda; y de vez en cuando nos juntábamos los tres para hacer algunas cosas juntos. Peter está en el origen de ese fenómeno que fue Real World, donde juntó a gente de todo el mundo a grabar y le dio un espacio muy interesante a un montón de músicos del tercer mundo, que si no fuese por eso a lo mejor no se les daba la oportunidad. Muy válido. Respeto.
¿Cuál era tu ritmo preferido de chico?
Tuve la suerte de crecer en el puerto de Fray Bentos, que en aquella época era un puerto industrial muy importante porque daba salida a toda la producción de los frigoríficos y venían barcos de todo el mundo. Venían a buscar carne, pero traían discos, ropa y demás cosas. Traían al mundo a ese puerto. Eramos pendejos y teníamos un grupo musical, y los marineros los fines de semana venían al bar a tomar un trago, a ver a las chicas, y lo primero que hacían era hablar con nosotros. Te puedo decir, por ejemplo, que el primer material que tuve en mi vida lo conseguí intercambiando whiskey uruguayo por el primer disco de los Wailers antes de que se llamaran Bob Marley and The Wailers. En Fray Bentos entraban los tipos que paraban en Nueva York, en Kingston, en Estocolmo y en puertos ingleses.
Y cuando me encontré con Los Jaivas nos dimos cuenta de que teníamos eso en común, ellos eran del puerto de Valparaíso y habían vivido ese tipo de cosas. Entonces llegaba el mambo, el wawancó, el jazz, las coplas y más. A eso se sumaba que en Uruguay las radios captaban la música de Mercedes Sosa, el folklore, el tango y el rock argentinos.
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