Cecilia Luchia-Puig: Madurez para adaptarse a las circunstancias
Una tradición familiar pensante y trabajadora avala a esta emprendedora inmersa en los medios de comunicación. Tanto en los momentos adversos como en los favorables, utiliza una sincera lucidez para eliminar todo lo que no suma. Un análisis profesional autorizado en base a la experiencia de la realidad, complementado con sustento teórico.
Por Roberto Villamil / Fotógrafo: Ramón Zumba
Para la fundadora de la publicación Mañana profesional, cuando uno viaja lo hace hacia uno mismo, más allá del entorno del lugar: “Esa salida de la coyuntura te demuestra cómo ser en otras situaciones. Además de lo fascinante que es para los periodistas el hecho de descubrir otra cultura, otros sabores, otros olores, otras personas… es una forma de tener un tiempo para uno y así repensarse”. Esto se desprende de su experiencia al visitar Google en Palo Alto, California, cuestión de la que aprendió que el talento define estar contratado o no por esa gran empresa. Para ella Google es el paradigma de un concepto que hace una década no existía y se sorprende por su crecimiento exponencial, hecho que pocas industrias en la historia de la humanidad han logrado.
¿Qué implica el advenimiento de internet?
La digitalización nos cambió la cabeza. La velocidad es inversamente proporcional a la profundidad. ¿Cómo hacés para profundizar cuando levitás? La información te pasa por arriba y creo que lo que hoy nos puede ayudar a comprender el tiempo en el que estamos es el estilo de pensamiento. En esto coincido con Howard Gardner, que habla sobre las mentes del futuro. A lo que él profundiza, yo le agrego dos sentidos: el del humor y el común. El sentido común es volver a la sabiduría de vida creada por nuestras abuelas; volver a las fuentes. El sentido del humor, sin faltar el respeto y en el momento adecuado, es la herramienta más sensata y aceptada contra todo tipo de censura y opresión.
Las cuentas te pueden dar perfecto, pero sin estos dos condimentos básicos, la ola te puede tapar. La tecnología ha desdibujado la barrera que delimitaba el ámbito profesional 100% del ámbito personal 100%. Ha permitido que fluyan e interactúen todas las facetas de una manera más integral en el individuo. Esto depende de cómo se lo tome cada uno, pero un ejemplo mínimo puede ser tanto responder o confirmar algo vía computadora o celular desde la cama justo antes de irse a dormir, como ir a realizar un trámite personal en el horario del almuerzo.
¿Cómo definís tus orígenes en torno del negocio editorial?
Tuve una alteración genética. De verdad creo que la tinta y el papel, como cualquier elemento que uno incorpora en la niñez, se meten en la piel. Efectivamente, tengo tinta en la sangre. La historia se remonta a mi abuelo, que era un vasco francés súper emprendedor y un “busca”. Mi abuela era poetisa de familia tradicional. Sin embargo, él la “engatusó” a ella. Ella era biznieta de Marcos Sastre, lo que me hace chozna de uno de los fundadores del Salón Literario. Entonces en mi casa el tema intelectual era prioritario a la belleza exterior. Una anécdota interesante que marcó el rumbo sucedió cuando mi abuelo era vendedor de avisos para La Nación; resulta que consiguió en canje su viaje de bodas a Rusia, luego de la Revolución del ´17. Como se quedó sin plata, ahí mismo le brotó en la cabeza la cuestión de editor y le vendió la idea de “álbum de viaje” a todas las familias del barco.
En todas las épocas todos tenemos para aprender de la gente que nos rodea. Eso es lo interesante y lo lindo de lo transgeneracional. Entonces, cuando vos ves que los mayores disfrutan lo que hacen, lo incorporás con alegría. Otra cosa que recuerdo de mi abuelo era verlo sentado en su cama, veraneando en Miramar, haciendo recortes de los diarios y marcando ideas de notas futuras para periodistas. Durante su tiempo de vacaciones familiares estaba compenetrado en su trabajo. Viví en una familia de artistas apasionados. A partir de eso busqué complementar con el área de negocio editorial. Con el tiempo confirmé que la crisis es permanente.
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