Sebastián De Caro
El héroe doméstico

Su personaje en Todos contra Juan lo trajo de vuelta a la TV argentina, pero nunca dejó de hacer cosas. Como autor de cómics, como director de cine o desde el micrófono de Radio Metro, siempre detrás de la aventura de cada día.

Por Martín E. Graziano / Fotógrafo: Víctor Candia

Caso extraño el de Sebastián De Caro. Mientras en el imaginario de una franja del público su imagen estaba congelada en aquel adolescente que protagonizaba Montaña Rusa a mediados de los ‘90, él se las estaba arreglando para hacer su propio camino. Algunos tuvieron noticias suyas cuando comenzaron a escuchar a un fervoroso acompañante de Andy Kusnetzoff en Perros de la calle, el exitoso programa de Radio Metro. Otros se toparon con algunos artículos en la revista La Cosa, lo habían cruzado en el circuito de comiquerías de Buenos Aires o, tal vez, lo habían reconocido como el anfitrión de Gritos en la noche, el ciclo de cine de terror que América puso al aire hace algunos años. Sin embargo, los más informados sabían que De Caro era, además de un gran impulsor y promotor, uno de los realizadores cinematográficos más activos del cine de género en la Argentina. De géneros parias y subestimados en el país como el fantástico, la ciencia ficción y, sobre todo, el terror.

La sorpresa llegó este año con Todos contra Juan, la tira de Gastón Pauls. Ahí estaba otra vez De Caro, actuando. Sebastián asegura que la convocatoria fue, en buena medida, una idea de Agustina Cherri. Y que era imposible decir que no: “Por muchas razones: por laburar con Gastón, por la naturaleza del proyecto, por lo divertido… era demasiado bueno”. De todos modos se encarga de aclarar que no es su regreso o algo parecido: “Le tengo mucho respeto a la actuación como para andar livianamente diciendo que volví al rubro. Si bien estudié cinco años y hasta trabajé como actor, en mi alma íntima nunca me sentí actor”. En la serie De Caro interpreta a Tony, un fanático de los cómics y de Star Wars que parece quedarle tan cómodo como un traje a medida. El resultado de Todos contra Juan, después de idas y vueltas de negociaciones, terminó transformándose en una de las pocas buenas noticias televisivas de 2008.

Como Los simuladores y Okupas, Todos contra Juan generó una gran relación con la gente. ¿Se subestima al público pensando que solo puede disfrutar de ciertos productos?
Sí, hay una subestimación de algunos sectores dirigenciales de la televisión. Pero también de parte de productores, de gente que escribe guiones, de actores. Incluso a veces corren más riesgo las personas que están arriba en el escalafón. La contracultura podría ser un poco más interesante en nuestro país y, por momentos, no trata de seducir a quienes debería. Toda la no-intelectualidad o toda la no-onda que podemos ver en los medios, en alguna medida es culpa de esos que suelen ocupar el lugar de la inteligentzia. Prefiero hacerme cargo que pensar que los malos son los otros, que es una idea un poco infantil.

¿Por dónde pasan los aciertos y las referencias de Todos contra Juan?
Tiene un montón de referencias, pero es muy difícil que diga “tiene esta guía”. Había un concepto a explorar, que era el medio revisitado desde otro lugar, y también una idea de la argentinidad. Tiene algunas referencias a sitcoms como The Office, y también algo de Entourage. Sobre todo me parece que la serie es popular, aunque popular sea una palabra terriblemente bastardeada. Por popular parece entenderse “lo malo” o “lo fácil”. En realidad es muy complejo hacer algo genuinamente popular en la medida en que E.T. es popular, por ejemplo. También tiene una cualidad argentina, sin por eso ser costumbrista. Los personajes son reconocibles sin haber un tachero o un colectivero. Por ejemplo, nos preocupamos particularmente porque mi personaje no fuera el fan que escriben los que no saben escribir y le ponen la primera remera de Batman que agarra un vestuarista.

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