Un hombre de mundo

Por Vera Millán / Fotógrafo Alejandro Echeverría para Celebrity Press

Quien fuera el chef privado de Versace es un ser que sorprende. Las sutilezas de un hombre sensible que es budista, curioso y ocurrente. Nos cuenta sobre sus viajes y sobre sus sensaciones… Aquí una mirada íntima a las otras facetas de este personaje que es mucho más que un cocinero. El espíritu aventurero que logró hacer del placer una ocupación.
Rodeado por sus afectos y la gente de su oficina de prensa, Donato da directivas por doquier, chequeando que todo esté perfecto, siempre sonriente y súper ocupado. Sucede que a esta altura Donato es mucho más que una persona, Donato es una marca, una empresa, un símbolo reconocido a nivel internacional. Lo vemos en publicidades, conduciendo programas de TV y en entrevistas; tiene un restó en el bajo Belgrano, da clases de cocina, tiene una esposa, dos hijas, hace muchos viajes, organiza eventos… su agenda es tan completa que a veces parece que existen varios “Donatos” para cumplir sus compromisos. Por y para eso tiene una oficina que maneja y donde coordina su agenda y sus horarios. Un hombre de mundo... ¿Cuando viaja trabaja o disfruta? Deducimos que él ama tanto lo que hace que no siente que trabaja. Por el entusiasmo y la pasión con la que nos habla del tema cualquiera diría que lo suyo es placer puro.

¿Viajás muy seguido?
-Te cuento, soy como un diario abierto, pero no un diario-periódico, más bien un diario como el que tengo y donde escribo cosas mías. Desde chico ponía todo lo que me pasaba en la vida, el primero lo tuve a escondidas de mis padres, como a los 14 años, cuando dije que iba a visitar a una tía y me recorrí toda Italia en tren. Mis padres me dejaron en la estación de Milán y mi tía me esperaba en su pueblo, no se llegó a preocupar porque las comunicaciones no eran como ahora. Llegué cinco días después, me hice la costa, después hice Roma, Nápoles, Calabria, después hasta Salerno, tenía que calcular hacer los viajes de noche, tarde, porque yo no tenía plata para hoteles, entonces dormía en los trenes; y de día iba a casa de amigos, iba a sorprender, llegaba ahí, tenía el teléfono, pasaba el día y al anochecer me iba (me sabía todos los trenes de memoria). Hice todo un trayecto con el mapa, 5 ciudades, cinco días, cinco amigos o primos, con el “biglietto kilométrico”, que por ser estudiante te daba 3.000 kilómetros a una tarifa, entonces podías hacer cualquier parada que vos quisieras. Yo calculaba en el mapa que te daban en el librito del sistema ferroviario, donde tenía todos los horarios de todos los trenes de todas las estaciones de toda Italia. Calculé con el mapita, no podía excederme, usé casi los 3.000 kilómetros.

Después hubo mil viajes en tu vida en todo este tiempo, ¿los últimos a qué se debieron?
-Los últimos interesantes, de hace un año a dos, fue uno a Singapur, lindo, hicimos una parada en Sudáfrica, después en Kuala Lumpur, unos días de placer y en este viaje hice una presentación especial en el Ritz Carlton de Singapur. Era un evento para 700 personas, después un evento más gourmet para 80 personas seleccionadas y después una tercera noche, una “mesa del chef” para 12 personas que pagaron miles de dólares, todo con ingredientes súper exóticos, en el centro de una de las cocinas del Ritz que fue preparada para que los comensales cenaran dentro de la cocina. Yo cocinando a 20 centímetros de cada uno. Y de placer hice Venezuela, Italia últimamente -estuve dos veces el mismo mes-, Milán, Capri, Salento, que tiene no solamente la playa linda, el agua es muy transparente y está considerado como uno de los mares más limpios del mundo.

¿Vas trayendo productos?
Cada viaje voy a tratar de hacer contactos porque me encanta, o me encantaría que se conocieran más productos, especialmente de Italia, más contemporáneos, de los que se usan ahora o productos de los que la gente ya se haya olvidado, y sobre todo productos que tengan una identidad regional. En la Argentina hay una comunidad italiana impresionante, prácticamente de cada región, entonces me estoy esforzando para que cada uno se vuelva a acercar a los sabores de su propia tierra. A través de éstos viajes voy tratando de recuperar productos -o recetas y costumbres- para después volver y hacerlas en los programas que hago o en las recetas que propongo en mi taller (Cucina Paradiso), volviendo a reproducirlos si no hay de estos productos acá. Traerlos físicamente sería muy difícil, con el asunto impositivo hay un recargo espantoso, por lo menos estoy trayendo todas las ideas posibles para reproducir esos productos ahora en mi taller, ahí tengo todo tipo de biscotti, taralli, friselle, focaccia, grisines, una gran variedad de productos panificados y hacemos muchos dulces del centro sur, las tortas capresse, cartelatte típica de la región Puglia, casatta a la siciliana y sobre todo un abanico interesante de pastas regionales. También colecciono instrumentos antiguos para fabricar pastas, como maccaroni al ferro, garganelli, y corzetti, pasta típica de Liguria ya en desuso, que cuesta bastante hacerla. Los moldes no se consiguen más, yo estoy volviendo a hacerlos, por eso cuando voy a Italia hay artesanos que me fabrican este tipo de instrumentos, por ejemplo la “guitarra de cuerdas” para cortar la pasta que es de Abruzzo.

 

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