Mariana Fabbiani
Una tarde con la risa
De la fama como tradición familiar a la conducción sin fisuras de uno de los ciclos televisivos más exitosos. De los recuerdos junto su abuelo Mariano Mores a la vida de una mujer cuya felicidad constante tal vez solo sea una conjetura popular. Cuatro horas de un viernes cualquiera junto a la boca más magnética de la televisión argentina.
Por Mauricio Moreno Martínez / Fotógrafa: Soledad Rubio
Nunca estuvimos tan cerca. A la derecha, ropas. Un perfecto desorden de prendas usadas, quitadas y vueltas a poner. De frente, como tendido, el largo pasillo que desemboca en lo que vinimos a ver. Y entonces ahí estaba, nunca tan cerca como ahora, entre estas cuatro paredes blancas, en este instante rasgado por el relámpago de una cámara.
Nada importaba. Ni el verde lumínico más atrayente que aburrido de unos tacos, ni la interesante esbeltez de su cuerpo. Todo se desvanecía porque ella, la boca, acababa de entrar en acción. Esa boca, la atracción de lo exuberante, el hipnotismo de las formas, la horizontalidad de los labios. Se movía. Se abría, se cerraba y, de repente, como de a ráfagas, irrumpía eso que llaman sonrisa. Conservaba la efectividad intacta, esa que despliega todos los días en su programa. Porque ella, Mariana Fabbiani, vaya si usa la sonrisa.
¿En privado sos así de risueña?
Tengo una impronta alegre. Pero no soy todo el tiempo así, soy bastante melancólica. Igual que como soy de alegre, soy de melancólica. Tengo un grado de sensibilidad extremo, para nada saludable. Y lidio mucho con eso, porque voy por la calle y veo algo que me da tristeza y me cagó el día. Me cuesta salir de los estados, pero al mismo tiempo estoy muy entrenada para salir de ellos, porque cuando arranca el programa es como que no pasa nada, estamos bien. Y estoy todo el tiempo revisándolo para no acostumbrarme a eso de estamos bien. Y no, pará, si no estás bien, tenés que ver por qué y transitar los estados de la mejor manera.
RESPONSABLEMENTE
Tal vez hoy hizo lo de siempre. Despertar a las 10, darle tiempo al desayuno, leer el diario. La noche anterior, quizá, hizo lo de costumbre. Cenar y leer, o bien mirar una película, o la televisión, o escribir en una de esas libretas, como lo hace desde chica, algo que le haya sucedido, algo que haya escuchado, algo que merezca la pena ser contado. Lo que seguro no hizo fue irse a dormir temprano, porque es de dormirse cerca de las 2. Solo al mediodía encendió el celular, y entonces arrancó la vorágine. Acaso haya hablado, como de costumbre, con el productor del programa que conduce, RSM (Resumen de los medios). Pero difícilmente fuera uno de los dos días en que va al gimnasio en la semana, o el único día que va a terapia.
Tal vez empezaba un fin de semana tranquilo. Al día siguiente, un sábado cualquiera, estará en casa por la noche, con su novio, película, música, un vino, cocinando. Es que RSM va de noche, y siente la carencia de una cena. Por eso cuando puede participar de una, la disfruta. Son cuatro años los que ya lleva el programa, sin cenas pero con muchas otras cosas. Dice Fabianni:
“Este año de RSM fue de transición, de darnos cuenta de que hay cosas que tienen que ver con la identidad del programa y que son su esencia y que van a seguir estando, y de otras que hay que ir cambiando, que uno no se puede quedar siempre en el mismo lugar, eso la vorágine televisiva te lo exige. Hasta ahora RSM siempre fue muy intimista. Eso quiero que se conserve porque es la magia que tiene el programa, lo que da la sensación de que estamos todos cómodos; y es verdad”.
¿Estás a favor de una televisión absolutamente libre o te parece que deben regularse los contenidos?
Yo, por supuesto, estoy a favor de una televisión libre. Pero mi opinión muy particular es que el buen gusto tiene que estar. Entonces hay que tratar de encontrar la vuelta, y a veces me resulta difícil porque a la gente le gusta. Eso es también lo que pasa con el minuto a minuto: todos nos quejamos de que queremos una televisión mejor, pero cuando ves los números a veces te das cuenta de que la gente consume eso. Entonces es el cuento del huevo y la gallina. ¿Por qué consume? ¿Por qué no hay otra cosa? ¿Y no hay otra cosa porque la gente no consume? Es muy difícil. Creo en los ciclos y me parece que muy soslayadamente hay que intentar proponer otras cosas. Igual a mí me gusta utilizar un buen lenguaje en la tele, no me gusta ser mal hablada. Puedo serlo en mi vida privada, pero no me gusta hacerlo en televisión, hay cosas que me cuido de decir, estoy muy pendiente de quién está mirando.
LA ENTREVISTA COMPLETA A MARIANA FABBIANI LA VAS A ENCONTRAR EN EL PLANETA URBANO DE DICIEMBRE