Jorge Fernández Díaz: Sanas disputas
Jorge Fernández Díaz tiene dos pasiones: la literatura y el periodismo, y gracias a su cuidada relación con ambas pudo escribir diversos libros y desarrollar considerables cargos en medios gráficos. Un hombre claro y sencillo, pero con gran profundidad para analizar la actualidad. Posee además el equilibrio que le aportaron sus experiencias y que utiliza para construir.
Por Roberto Villamil / Fotografías: gentileza ADN Cultura y Editorial Random House Mondadori
Si bien el periodismo y la literatura son similares, tienen una gran diferencia. Según el actual Secretario de Redacción del diario La Nación y también Director del suplemento ADN Cultura, la cuestión podría empezar porque “el periodismo es una pasión diurna, como una esposa, y la literatura es una pasión nocturna, como una amante. Mi vida tuvo una disputa permanente que recién durante los últimos años he logrado mixturar y me volví bígamo para que convivan tranquilamente”.
Pero todo su amor para con el conocimiento comienza a los 13 años, cuando su mamá le regaló Robin Hood. Ese libro le hizo un clic.
Luego, ¿qué autores encontraste?
Me conecté con Stevenson, Conrad, Verne y los grandes que hicieron novelas de aventura. Sin embargo, a los 19 años tuve que salir a trabajar para comer y lo más parecido a eso era el periodismo. Me fui a la Patagonia y trabajé como Jefe de Redacción de un diario en Neuquén, donde aprendí de todo y cometí todos los errores posibles; también fui Secretario de Redacción de El Cronista Comercial. Luego Subdirector de Somos y de Gente y también Director de Noticias. Después fundé y fundí el diario Perfil. No solo me jacto de mis éxitos, sino también de mis derrotas. Eso lo aprendí de Pérez-Reverte, de quien soy amigo y es un poco pater mío, quien dice que un hombre no es completo hasta que tiene una Troya incendiada a sus espaldas.
¿Aprendiste mucho del periodismo?
Fueron muchos años de convivencia. Rescato su forma de hacerlo arte, con la crónica novelada y el articulismo. Para unos es un oficio, para otros un laburo, para otros una tribuna política, para otros es poder, para otros un estilo de vida, pero para algunos es arte. Yo formo parte de ese pequeño “algunos”.
¿Y eso lo aplicaste en tu literatura?
En mis libros Mamá, Fernández, Corazones desatados, El dilema de los próceres y La logia de Cádiz hay un evidente contagio. Por ejemplo, este último no es meramente una novela histórica, es un híbrido de eso con novela de aventura, crónica periodística e investigación.
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