FIGURAS ENCONTRADAS: Carambolas con causalidad

La hermandad que une a Gabriel y María supera toda coincidencia librada al azar. La unión de sus universos artísticos particulares hizo la fuerza del talento único y original. De por qué los hijos del gran Berugo Carámbula no son figurita repetida.

Autora y fotógrafa: Mariana Copland.

Encontramos muchísimo más que dos personajes que comparten el apellido y los genes. Nos topamos con un intercambio de sonrisas paridas desde lo más profundo de dos corazones que parecen desnudarse recién cuando reposan el uno en el otro; con miradas perdidas por momentos (que se turnaron amablemente para no perderse al mismo tiempo); con un reloj biológico muy especial que parece tener cada una de estas criaturas para alternar roles.
Así, sentarse en la misma mesa con los hermanos Carámbula es algo como un partido de tenis en el que no terminás nunca de mover la cabeza para saber quién cuida a quién o cuál necesita más del otro.

¿Quién es el ángel y quién el demonio?

Fácilmente puedo caer en la trampa de los prejuicios.
La señorita de rizos rubios y ojos casi transparentes que te dejan ver que es capaz de casi todo por amor juega con el recuerdo de ser la hermanita menor que desquiciaba los celos de su hermano en la época en que hervían las hormonas. Además tiene esas formas maléficamente encantadoras para hacer o decir cualquier cosa.
También puedo colgarme del recuerdo de los tres días previos al encuentro, en los que básicamente sufrimos como condenados ante la duda de si Gabriel iba a recordar la cita, para así contraponerlo a la ductilidad de una María tan dama, tan mujer, tantas cosas. Recuerdo vano: él es, sin dudas, un caballero.
Llegó a la hora señalada y se perdió en un abrazo con su hermana que dejó a la mesa en offside pensando cuánto hacía que nadie nos protegía del mundo entre una maraña de brazos y un secreto que intercambiaron al oído; secreto que todos preferimos no escuchar centrando la atención en otra mesa.

¿Entonces? No hubo un ángel y un demonio. Hubo una mezcla de sensaciones que me hacen pensar en uno de esos soundtracks para caminar por las callecitas de Buenos Aires (o de Montevideo o de cualquier ciudad que uno elija), que llega a tener la dulzura de Elis Regina mezclada con los puñales de Lou Reed.

La cita en cuestión fue un tal miércoles en el Rodney. Todos sabíamos que nos íbamos a encontrar con un poco de rock. Pero creo que ese tal miércoles muchos de nosotros cerramos la idea de que rock no es solo un par de acordes distorsionados.
Rock fue esta ensalada de hermanos, memorias, guitarras, amigos, silencios y secretos que se llevarán ellos, solo ellos, a sus casas.

María, actriz reconocida.
Gabriel, Músico con M mayúscula.

Esas fueron sus elecciones de vida, que caminaron a la par en alguna época y que hoy están separadas por el nombre de dos barrios vecinos.

(SUBTITULO)
ROCK’N ROLL NENE
Desde el nacimiento de Los Ratones Paranoicos, su encuentro con Pappo y el pedido de Lou Reed, ninguna de las anécdotas de Gabriel parecen ser ajenas a su hermana. Como protectora de cada una de ellas, María puede recordar con la misma claridad y hasta robarnos algunas sonrisas cuando funciona como catalizadora de la energía del niño rock.

E. P. U.: ¿Cómo empezó su relación con los instrumentos musicales?
M.: Aprendí a tocar el bajo, pero no tenía la pasión necesaria para continuar. En cambio Gabriel, todo lo que tocó lo hizo bien.

G.: Guitarra, bajo, batería, armónica, piano… desde chiquito. Empecé practicando con mi viejo, no estudié.

E. P. U.: ¿Qué recuerdos quedaron de la época en la que nacieron Los Ratones Paranoicos?
G.: La historia se remonta a mis 15 años. Nos conocimos con Pablo Memi en el colegio y Juanse con Sarcófago iban al Copello. Tocábamos todo el tiempo, para aprender. Yo no podía parar de tocar la guitarra y Juanse intentaba frenarme.

M.: Porque eran diferentes… Juanse tocaba de otra manera.

G.: Claro, él no era ni es igual a mí… Pero en el sentido que él era frontman y escribía canciones geniales… ¿Qué más querés? Yo quería que me dejara los solos de guitarra a mí.

M.: Igual a Juanse lo queremos como a un hermano, pero después de que Gaby se fue se quería matar. Me acuerdo que se juntaban en el garaje de la casa de Devoto. ¿Sabés lo que me pasa ahora? Cerca de mi casa actual hay unos pendejos que también ensayan y eso hace que extrañe mi garaje de antes. Ahora me doy cuenta, antes los odiaba por el quilombo que hacían.

 

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