Germán Frers
Dinastía de navegantes

Es uno de los mejores -sino el mejor- diseñador de barcos del mundo. Logró que todo el éxito que tuvo su padre trascendiera las fronteras de la Argentina y ahora llevan su firma los barcos de Giovanni Agnelli, el rey de España, y Frank Guery, entre muchos otros. Aquí un hombre con familia de estirpe naval.

Por Clara Cook / Fotógrafa: Marcel Antelo

Una calle desierta y rodeada de árboles. Lo único que se escucha es el canto de los pájaros y de las cigarras. Sorprende estar a pocas cuadras de la bulliciosa Libertador, a la altura de Acassuso. Acá todo es paz. Y no sorprende que sea aquí donde funciona el estudio del prestigioso diseñador de barcos Germán Frers. Sucede que, al margen del carácter residencial del lugar, la austeridad que reina dentro de las paredes del lugar de trabajo es la misma que él dice preferir para los barcos y su vida en general.
Lejos de lo que uno puede imaginar como su oficina, tal vez equipada con las últimas novedades tecnológicas y decorada quisquillosamente a la perfección, la oficina de Germán Frers posee un par de caballetes con una tabla que funcionan como su escritorio, y los adornos solo se manifiestan en unas fotografías ampliadas con imágenes de algunos de los barcos que diseñó. ¡Ah!, pero eso sí, una vista al río que inspira con solo mirar de reojo. Austeridad.
De barcos, crisis y éxito charlamos con el señor de los mares para inmiscuirnos en el mundo desconocido de navegación.

¿Hay mercado en la Argentina para lo que usted hace?
Para mí no. Hacemos algunas obras, pero muy poco…

¿Y por qué vive acá?
Porque soy de acá. Tuve ofertas. Para mí sería mucho más fácil vivir al norte del Ecuador. Tengo un estudio en Milán y voy ahí todos los meses. Todo nuestro trabajo está mayormente en Europa. Y bueno, lo que pasa es que decidí volver acá en un momento porque vivir de expatriado no es agradable. No pensé que iba a ser tan malo todo, tenía esperanzas de algo mejor en realidad; es lamentable, pero bueno…

¿Es un desafío ser empresario hoy en la Argentina?
Y sí, es una aventura. Es de alto riesgo, porque en mercados emergentes se sabe que uno arriesga y puede ganar muchísimo, pero con alto riesgo.

¿Qué es lo primero que piensa a la hora de empezar a diseñar un barco?
Un barco implica una cantidad de requisitos estéticos y prácticos. Son miles los requerimientos y muy variados; y cambian de acuerdo con el que los pide. Cada dueño tiene sus ideas de cómo debe ser, y hay que tratar de cumplir con esos requisitos, eso es parte del secreto de la profesión.

Diseñó para grandes personajes, ¿hay alguna persona a la que le gustaría hacerle un barco?
Me encantaría diseñar para todo el mundo. He trabajado con mucha gente y he tenido siempre muy buenos clientes. Ahora, por ejemplo, le estoy diseñando un barco a Frank Guery, que para mí es un challenge y es un gran placer hablar con alguien como él, tan plástico y tan inquieto y tan lleno de ideas; es estimulante y gratificante. Pero he tenido y tengo suerte para hacer todo lo que quería y lo sigo haciendo. Porque no me pienso retirar, porque me encanta lo que hago y no hay nada que me divierta más y me mantiene activo.

¿Qué barco es el que más le gustó diseñar?
Tengo varios. El que hice para Guery me encanta porque considero que es la esencia del diseño de lo que debe ser un barco, una cosa muy pura, muy austera y muy eficiente al mismo tiempo, lo que es difícil de concretar a veces porque la gente no es tan despojada. También alguno de los primeros que hice por lo que significaron. El viejo “Recluta III”, que hice para un amigo y lo corrimos en Inglaterra y fue un poco el inicio de mi carrera. Hay muchos. Este (señala la foto de atrás con un barco de grandes dimensiones) que se llama “Rebeca”, tiene 42 metros.

 

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