Ego trip: Karina K
Una estrella todo terreno

Ella alumbra lo que su mirada toca desde los ahora legendarios personajes en el Parakultural a su aclamada versión de Rally Bowles en el reciente éxito de Cabaret. Una trayectoria inusual que en tan breve tiempo la ubicó como una promesa siempre sorprendiendo en cada uno de sus roles elaborados con luz propia.

Por Fernando Noy / Fotógrafo: Estanislao Cantón

1. En mi hogar siempre hubo una relación permanente con lo artístico. Me estimularon mucho desde la infancia. Con mi padre, que era psicoanalista y se llamaba Fidel Moccio, nos pasábamos horas escuchando discos de jazz, y mamá me llevaba a ver películas de comedia musical como West side story o Mi bella dama. No me perdía un estreno de las obras infantiles en el Teatro San Martín. También, incansable, me llevaba a clases de flamenco, al colegio de músicos. En el Teatro Albarden estudié con Sarah Bianchi y Mané Bernardo. Siempre fui una marioneta de la realidad y los sueños incluidos. Para atenuar mi energía corporal y no seguir destruyendo los sillones de nuestra casa me inscribieron en la Escuela Nacional de Danza. Hasta que empecé a interesarme en audicionar para musicales. Después de cumplir dieciocho años me presenté para Sugar, que protagonizaba Susana Giménez. Luego de dos meses a prueba con diversas técnicas quedé seleccionada. Fue, además de una gran formación, mi punto de partida en lo que se refiere al teatro comercial.

2. Por Chela Abalos, la maravillosa intérprete de tango que me enseñaba técnicas de canto en medio de las plazas, conocí a Tino Tinto, mi amigo hasta hoy inseparable. Y él me presentó a Batato Barea, el que, como yo, estaba buscando una nueva identidad para revelarme como artista me bautizó Karina K. Tino Tinto logró hacerme deslumbrar con el teatro under. Me fascinaba tanta creatividad materializada en actos estéticos. Eran performances con la mayor libertad. En el Parakultural estrenamos Karina K y Tino T, un número que seguimos haciendo en Palladium y San Francisco Tranway, entre otros. Ganaba mis primeros dinerillos y podíamos beber gratis. Después me fui hacia España, donde encontré grandes maestros de circo y de comedia como Jacques Le Coq, que enseñaba un teatro antinaturalista en complicidad con el espectador. En una fuente me encontré con otra maestra: Cristina Moreira. En Barcelona debuté como bailarina de coro en la revista del Teatro Apolo llamada Señor, ¿quiere ser mi amante?.

3. Corría 1988 y escuchaba Los Pegamoides, Radio Futura y la magnífica locura de Nina Hagen en su última etapa. Ahora vive en Ibiza y acaba de estrenar La ópera de tres centavos. Kosma Shiva, su hija, es una actriz reconocidísima en Alemania. Había una agencia que organizaba espectáculos de varieté en las fiestas mayores de los pueblos, Transmaratón, y con ellos comencé a plasmar personajes que ideaba durante mi aprendizaje con maestros geniales como Luis Grusca, Jango Edwards y Johnny Melvilla del Cirque du Soleil. La movida estaba organizada y con presupuesto. Fueron ocho años dentro de un sistema que me permitía visitar a mi hermana en San Sebastián, reencontrar amigos porteños como Juan Goldín, pasear a gusto por la Bahía de la Concha, donde incluso lograba extender mis vacaciones gracias a las monedas que atraía el canto de mi personaje de geisha montada sobre un cajón de cerveza.

EL EGO TRIP COMPLETO ENCONTRALO EN EL PLANETA URABNO DE MAYO