Agustina Lecouna
Portadora de talento
Hija de dos productores exitosos, nació y se crió en un hogar mitad casa, mitad set de televisión. Creció entre actores, éxitos de telenovelas, camarógrafos, iluminadores y toda la parafernalia que rodea a la TV. Como un destino inexorable, ese torbellino de aptitudes con que vino al mundo resultó potenciado y ahora sorprende en cada nuevo desafío actoral.
Por Valeria Maltagliatti / Fotógrafo: Agustín García Oliver
Pudo apelar a su apellido para conseguir un bolo, pudo pedirles a sus padres que hicieran un solo llamado y así conseguir una audición, pudo hacer valer el peso de sus raíces para quedarse con un papel importante; pudo esto y mucho más, sin embargo Agustina Lecouna eligió el camino más sacrificado: estudiar y salir a golpear puertas. Así llegó a los 30 años, con una fama incipiente que por momentos se le torna molesta; que la reconforta pero que también esquiva, pero que, por sobre todas las cosas, es el resultado de haber hecho camino al andar.
¿Es cierto que tu papá filmaba en el living de tu casa?
Sí, porque no había ni presupuesto ni la variedad de estudios que hay ahora. Me acuerdo que llegaba a casa después del colegio y estaban Arnaldo André y Luisa Kuliok filmando en el living, entonces tenía que pasar en silencio hasta la cocina, sin hacer ruido. Para mí era un mundo mágico, me fascinaba colarme entre los cables y los actores.
Sin embargo no interpretaste ningún papel cuando eras chica.
No, no me dejaron. Siempre me dijeron que hasta que no terminara el colegio no podría trabajar. Si quería podía estudiar teatro, pero insistían para que estudiáramos una carrera universitaria porque el artístico era un medio muy difícil y lo más importante era capacitarse.
Pero el test vocacional disparó para el lado de la actuación.
Sí, pero antes estudié Relaciones Exteriores en la Universidad Di Tella, después me cambié a Comunicación Social en la Austral, donde me quedan solo siete materias para terminar. Mientras estudiaba teatro, hacía talleres, seminarios, hasta que llegó Verano del ‘98 y todo se empezó a hacer más difícil: facultad, televisión y teatro, terminé dejando la universidad.
¿Fue una decisión difícil?
En un punto sí, pero la verdad es que después de +Verano del ‘98+ todo se sucedió con tanta rapidez que no tuve demasiado tiempo para darme cuenta: llegaron las novelas, Mil millones, Enamorarte, Cabecita, Jesús el heredero. Después me fui de las novelas y pasé a los unitarios, con Historias de sexo de gente común, donde hacía de amante de Juan Gil Navarro y el papel era bastante fuerte por las escenas de sexo; más tarde vino Doble vida. Pero siempre seguí estudiando teatro, eso nunca lo dejé.
¿Qué es lo que más te seduce del teatro?
Que exige entrenamiento, disciplina y dedicación. El teatro es el lugar en que el actor realmente vive lo que es la realización y pone en riesgo mucho de sí. Ahí arriba es pura autonomía. El cine me encanta, pero acá lamentablemente no hay demasiada producción. La tele me gusta, pero tiene un techo por el modo de contar, por la velocidad con la que trabaja no te da demasiado tiempo a nada. Por eso elijo el teatro, porque allí es donde se manifiesta el actor en su estado puro.
¿Cómo vivieron tus padres tu despegue profesional?
Felices.
LA ENTREVISTA COMPLETA LA ENCONTRAS EN EL PLANETA URBANO DE JULIO