Leticia Bredice
Sensatez y sentimientos
Es una de las actrices más controvertidas y jugadas de la escena nacional. De brillantes y recordadas actuaciones en cine y en televisión, a los tiempos de maternidad y refugio. A días de estrenarse El frasco, film que la tiene como protagonista, cuenta cómo sobrevivir a los ataques a la intimidad, y de lo imprescindible que resulta el amor en su vida.
Por Ignacio Magurno / Fotógrafo: Luis Sens
“De mi vida profesional es de lo único que te voy a hablar”, dice, de pie, mientras se acomoda la ropa luego de la prolongada sesión de fotos. Aquella frase inicial no puede tener otra connotación: se supone que solo contará de su trabajo, y que nos olvidemos del resto, porque eso que queremos saber no lo va a decir. El interlocutor hace una pausa. ¿Queremos realmente saber eso que no nos va a contestar? Reformula. ¿Qué valor podría tener indagar sobre aquello que ya sabemos que no nos va a contestar? ¿Por qué debería ser tan importante la vida privada de una actriz? Se pregunta, en silencio, mientras observa cómo se termina de acomodar algo de todo ese vestuario que suelen tener las sesiones de fotos. “Bueno, pero no me la voy a sacar adelante del chico”, le dice a una de las asistentes cuando ésta le indica que algo le quedó dentro de la blusa, y que sería conveniente que corrija ese detalle. Por eso este chico sale y la espera hasta que termina, y ahora sí se sientan, café de por medio, a hablar sobre aquello que sí importa.
El trabajo. Leticia Bredice está a punto de estrenar El frasco, una película de Alberto Lecchi que protagoniza junto a Darío Grandinetti. “Es la historia de una mujer sencilla, dolida, que es maestra y vive sola en un pueblo con su hermano hace muchos años, y que ya no tiene conexión con el amor. Hasta que un día le pide un favor al chofer del colectivo de la única línea que pasa por el pueblo. Ahí empieza una historia de amor y de mentiras, y de esta cosa de quién aguanta ser feliz por un ratito, y parece que es muy difícil para ellos dos”, detalla. Pero también acaba de terminar la grabación de Tetro, film en el cual fue dirigida por Francis Ford Coppola.
¿Qué expectativas y emociones te despierta toda esta actividad cinematográfica?
Felicidad. Le agradezco a la vida cuando trabajo, no me molesta nada del trabajo, ni siquiera la espera. Me da felicidad, es lo que siempre me calmó ese animal que se llama tristeza, desolación, angustia. Siempre me ayudó a estar conmigo misma, a estar tranquila, contenta. Así que las expectativas son siempre de más trabajo, de más crecimiento y aprendizaje.
¿Qué más nos podés adelantar de El frasco?
Es una historia simple de amor, de dos personas a las que les cuesta comunicarse, que son solitarias, que hace mucho que no les pasa nada, ni se sienten queridas, y que le tienen mucho miedo al amor. Creo que cuando te enamorás y después te quedás solo te da pánico volver a enamorarte, porque el amor es una carta de riesgo muy grande, que no siempre es el as. Viene acompañada de angustia, de espera, de sueños... Pero no sé, a mí la vida me fue enseñando que a veces es mejor estar sola, y no está bueno aprender eso, porque la vida tiene que ver con tener un compañero, saber vivir, acompañarse.
Te estás metiendo en tu vida privada…
No, me estoy metiendo en el corazón, pero me voy a salir. Dale, preguntame otra cosa que salgo al toque.
¿Qué fue lo que más te sorprendió de todo el proceso de filmación con Francis Ford Coppola?
Todo. Despertarme y tener que ir a filmar con él ya me parecía sorprendente. Pero me pasa con todos los directores, me pone muy contenta ir a filmar. Me da vitalidad. En el caso de él era como estar con el Dalai Lama. Fue una sorpresa, desde que me llamaron para ver si quería ir a encontrarme con él, hasta que me dijo que me iban a mandar el guión.
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