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Liniers La idea es empezar por el final; y eso que sería un buen cierre para una entrevista decirlo ahora mismo: Ricardo Liniers, el Virrey Siri o como se llame este padre de una colonia muy particular de pingüinos -y de personajes ya entrañables como Enriqueta, Fellini, el Hombre Misterioso, Oliverio la Aceituna y Olga, entre otros tantos-, es un tipo ilustrado, Macanudo y feliz. No da para menos. Sus lectores siempre hacen cola en la Feria del Libro para pedirle un autógrafo. Sus tiras cuentan con un espacio fijo en uno de los diarios de mayor tirada del país, La Nación. Artistas como Kevin Johansen o Andrés Calamaro lo convocan para que sus dibujos ilustren sus discos (gracias a la gráfica de La lengua popular Liniers se llevó un Premio Gardel a casa). Sus dibujos empiezan a ser publicados en Francia, en España y en los Estados Unidos en sellos especializados y prestigiosos. No descarta emprender un proyecto de animación de sus creaciones junto a una productora internacional. Y sus más de diez segundos de fama hasta le permiten pergeñar el lanzamiento de un sello editorial propio con el que piensa difundir a otros colegas. DE GIRA Ahora, (auto)transformado en uno de sus personajes, acaba de publicar Conejo de viaje, un diario íntimo en forma de historieta en el que pinta detalles sobre sus últimas travesías por distintos rincones del globo. La mirada de este trashumante es la misma a la que nos tiene acostumbrados: fresca y agridulce, características que, seguramente, hicieron que este material fuera publicado. “Empecé a dibujar en un viaje que hice a Berlín junto a otros artistas hace cuatro años. La única consigna era presentar algo vinculado con el viaje. El tema es que a mí me tocó ser el primero del grupo en mostrar parte de lo hecho. Pero como recién habíamos llegado, no se me ocurría qué decir, hasta que recordé ese humor anclado en la realidad, que tiene que ver con cosas graciosas que nos pasan en la vida cotidiana. Desde ahí empecé a hacer ilustraciones de mis viajes. Los hacía para mí, como un recuerdo. Nada más. Hasta que en Barcelona los vio una editora que se mostró tan entusiasmada que me convenció para publicarlos”. No es la primera vez que Liniers se dibuja a sí mismo. En la etapa de la tira Bonjour -que publicaba en Página/12-, aparecía llorando en mitad de una crisis de inspiración o bien siendo agredido por alguno de sus personajes. “Era una forma de evitar cualquier sospecha de egocentrismo. En cambio, con el conejo me liberé de explicar si soy yo o no. Hay mucho más de mi intimidad en las tiras de +Macanudo+ que en este personaje”, dice. Liniers no oculta su asombro ante la cantidad de títulos que publicó en los últimos dos años. “Nunca me imaginé como un tipo que iba a ser muy buen trabajador. Era un vago. En el secundario siempre me llevaba materias. Fui un estudiante bastante mediocre, por eso todo esto me sorprende”, reflexiona sobre sus últimas ediciones. CONOCELO POR COMPLETO EN EL PLANETA URBANO DE AGOSTO.
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