Arquitectura: Destino de diseño

El estudio Bodas, Miani, Anger y asociados se especializa en desarrollar proyectos relacionados con paseos, viajes y traslados en los que se mantenga la comodidad estética. Charlamos con Martín Bodas, un conocedor del Tigre y sus zonas aledañas.   

Por Estanislao Cantón

¿Cuál es el origen del estudio de arquitectos?
Nos conocimos en la facultad. De los otros tres asociados, uno también fue compañero en la universidad. Somos seis personalidades que construimos un equipo de 86 arquitectos. La estructura tiene independencia para tomar ciertos proyectos según los equipos de trabajo. Los desarrollos son llevados a cabo por gerentes de proyecto, arquitectos seniors y juniors, cadistas, etcétera. La fisonomía del estudio se amalgamó a la fisonomía edilicia en la que estamos trabajando. El edificio tiene 5 departamentos y cada uno es un taller de arquitectura. Cada cual lo arma y lo decora a su gusto. Algunos son hiperordenados, otros un desastre, unos con música clásica y otros con rock and roll.

Hay buen ambiente de trabajo…
Hoy estamos llevando a cabo 100 proyectos, así que si no hay eficiencia y alegría… se pierde todo. Las horas que se comparten son muchas, inclusive más que con los amigos y la familia. No tiene que ser todo arquitectura. También hay que entender la personalidad de cada uno para que el producto sea bueno. De hecho hay emigraciones internas entre los que integran equipos. Es importante que haya química y afinidad personal en pos de arquitectura profesional. La flexibilidad es fundamental porque nos da la oportunidad de afrontar las complejidades que se nos presentan.

¿Trabajan con lo arquitectónico puro o también se vuelcan a la decoración y el paisajismo?
Puntualmente nos focalizamos en lo proyectual y en el diseño. Solo en casos muy puntuales dirigimos obras. Sí supervisamos las obras, pero no nos metemos en lo administrativo ni en el manejo comercial.

¿En el trabajo de campo directo están como un maestro mayor de obra?
No. Básicamente porque nuestros proyectos son de gran escala y los equipos son especialistas contratados afuera de nuestro estudio. Nosotros estamos de lleno en lo que es la primera etapa, o sea lo proyectual. Nos relacionamos más con planos, maquetas y renders que con la dirigencia o la administración de la obra. La capacidad de transmisión de las ideas es el desafío a clarificar ante tanta complejidad de información. Todo lo digital ayuda en gran escala para los sistemas de representaciones y las verificaciones espaciales de cada proyecto. Esto en comparación a lo que era cuando salimos de la universidad. Sinceramente tuvimos mucha suerte, porque prácticamente tuvimos un encargo profesional muy grande para lo que éramos. Hacer el centro comercial Solar de la Abadía nos enroló dentro del rubro de lo que es la arquitectura comercial. A partir de ahí no paramos con esa temática, tanto en el interior como en el exterior. Y el hecho de ser entendidos en cómo se mueve el flujo de gente dentro de grandes estructuras, nos llevó a la posibilidad de concretar obras con el Aeropuerto Jorge Newbery. Y con eso empezamos con otra temática… la de los aeropuertos. Hicimos en la provincia de San Luis, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil y dentro del continente africano, dos en el Congo y dos en Guinea Ecuatorial.

¿Cómo fue lo de Africa?
Nos contrató una empresa norteamericana de seguridad y fuimos a hacer una auditoría del edificio existente. Les entregamos un máster plan con la idea de readaptar o realizar un edificio para que cumpla con las normas y sea eficiente. Esa tarea profesional, como lo hacemos en otras oportunidades, es vender la idea. Eso lo llamamos el diseño conceptual de la problemática que tenga el cliente que se nos presenta. Es una idea primaria la que puede generar con nosotros, pero la sigue concretando con otras empresas que se dedican a otras etapas.

¿Con qué metodología trabajan con el exterior?
Además de este estudio madre en Buenos Aires, donde está toda la documentación, tenemos una estructura comercial en Chile y otra en Panamá. Son las tres patas. Por ejemplo, a través de Chile sintonizamos lo estructural y financiero de Perú y de Colombia. Con lo de Panamá tomamos lo de Estados Unidos. Y obviamente los de ahí mismo.

 

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