Malcolm McLaren
El caballero del punk
El movimiento musical surgido en los ‘70 no sería el mismo si este inglés se hubiese comportado como un lord, aunque en realidad siempre fue un caballero con puntualidad anárquica. Detrás de uno de los movimientos urbanos más consumados aparece el arte de cómo provocar circunstancias causales.
Por Ramón Zumba / Fotógrafa: Marcel Antelo
Texto
Antes de que Malcolm Robert Andrew Edwards influyera intensa y gradualmente en la formación y en el desarrollo del punk, el estilo musical derivado del rock, hubo ciertos aspectos que lo afectaron. Para nombrar solo uno de estos importantes factores que lo marcaron a fuego podemos mencionar el libro +La sociedad del espectáculo+, del teórico francés Guy Debord, integrante del grupo Internacional Situacionista.
A su universo genético le sumó el contexto inmediato de ese tiempo convulsionado (una década del 60 efervescente a nivel social). El resultado fue la puesta de un local de ropa, música y accesorios en la calle King’s Road, en Londres.
Junto a su pareja, “la madre del punk”, Vivienne Westwood, montaron Let it Rock, que luego pasó a llamarse Sex y después Seditionaries. Allí acudían jóvenes de toda índole en busca de situaciones trascendentes.
El cosmos conspiró para que Johnny Rotten se cruzara en su destino y fuera uno de los que comparten cierta filosofía de vida basada en el segundo nombre de la boutique.
Malcolm McLaren jugó de estratega, de manager y de productor; y los que subieron al escenario fueron los Sex Pistols (Steve Jones, Glen Matlock, Paul Cook y más tarde Sid Vicius). Juntos pusieron en boga el punk. Si bien hubo otras bandas y nombres que también lo originaron, este grupo de ingleses fue el que más ruido y escándalo hizo.
Pero más allá de las interpretaciones, no hay mejor testimonio sobre los hechos que el de aquel que participó de los mismos. Invitado por Chandon para exponer sus trabajos artísticos en la última edición de arteBA, Malcolm se comportó como un verdadero señor maduro, calmo, didáctico y entretenido. Como si nada hubiese pasado…
¿Qué siente al haber sido generador de un estilo tan significativo?
Todo lo que he hecho como agente provocador o manipulador responde a querer girar la cultura popular británica con nada más que un truco de marketing barato. Fui obligado durante décadas por los ingleses, así que lo único que puedo asegurar que siento es que sobreviví.
¿Era consciente de lo que estaba sucediendo?
No. Creo que fue el universo el que me llevó a esto; aunque de repente reflexionaba y me veía inmerso en ciertas situaciones, que al ser sumadas en el tiempo permitían reconocer patrones constantes. Fue una batalla larga, intensa y difícil contra las fuerzas del establishment, sobre todo por ser las del Reino Unido y las de ese momento. Sin embargo, era consciente de que mi intensión estaba orientada a tener la mirada de un arquitecto cultural.
¿Cuál es su definición del punk?
Es un fenómeno cultural que en este siglo tiene su merecido lugar, porque en el anterior logró impactar a gran escala. No solo en la música, sino que se puede encontrar en lo gráfico, en lo audiovisual, en la indumentaria y hasta en el estilo de vida. En los últimos años me di cuenta de que la mayoría de la gente empezó a entender la importancia de lo que hicimos; antes nos repudiaban. El punk se ha convertido en una manera de definir, para el mundo de hoy, lo que es cool. Pienso que las corporaciones lo usan más que nadie para medir sus productos en orden de vender más. Es como un condimento indispensable a la hora de preparar una marca.
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