Juan Sasturain
¡Hay un escritor en mi tele!
Autor de reconocidas novelas policiales, guionista de cómics y hasta periodista deportivo, ahora también puso un pie en la televisión abierta para lograr un imposible: meter un par de libros adentro de la caja boba.
Por Daniel Krupa / Fotógrafa: Marcel Antelo
¿Qué hace un escritor en la televisión? Peor aún: ¿Qué hace un escritor en la televisión abierta y en un horario racional? Nadie tiene una respuesta clara de por qué Telefé programó Ver para leer, que suele emitirse los domingos a la medianoche después de alguna película made in Hollywood, tal vez a modo de saludable té digestivo luego de una comida pesada.
Sí hay una idea más certera sobre las intenciones del programa: inocular el germen de la lectura. Según Juan Sasturain (Buenos Aires, 1945), conductor y guionista del ciclo, la premisa por la cual fue convocado era la de disponer el objeto libro arriba de la mesa, al lado del café. O sea: desacralizar el acto de la lectura. “Lo mismo ocurre con los autores que pasan por el programa, a los que mostramos cocinando, chateando o lo que sea. Son escritores, pero obviamente hacen una vida normal como cualquiera de nosotros. De hecho, a veces me dicen algo curioso y es esto de que en el programa los escritores aparecen muy relajados, cuando en realidad lo impostado es la dureza, la creación de un personaje serio. No es la cuestión de que venga alguien a hacer vueltas carnero, sino de charlar de la manera más natural posible”, apunta en un bar de la calle Bolívar, a metros de Plaza de Mayo.
Para muchos, desde que salió al aire el primer capítulo de Ver para leer, es “el pelado de los libros”. Sin embargo Sasturain arrastra una amplia trayectoria en ámbitos académicos, editoriales y periodísticos. Trabajó en la docencia universitaria (UBA y UNR) durante los años ‘70. En el rol de escritor, a mediados de los ‘80, publicó tres novelas policiales protagonizadas por el detective Etchenike: Manual de perdedores I y II y Arena en los zapatos. Pagaría por no verte, novela en la que regresa el investigador, apareció recién a fines del año pasado. Entre otros títulos, también escribió Zenitram (1996), La mujer ducha (2001) y La lucha continúa (2002).
Como si fuera poco, Sasturain -que actualmente edita la segunda etapa de la revista Fierro- también se mete en el mundo del fútbol: El día del arquero (1985), Wing de metegol (2004), La patria transpirada y los cuentos de Picado grueso (2006). Además reunió sus poemas en Carta al Sargento Kirk y otros poemas de ocasión (2005). Y desde principios de este año dirige la colección de novelas policíacas Negro absoluto, plataforma editorial en la que ya se editaron títulos de autores como Elvio Gandolfo, Ricardo Romero o Leonardo Oyola.
Ante un currículum tan variopinto y extenso, la primera pregunta del encuentro no podía ser otra que cómo es la relación de un hombre de intramuros con la fama, a lo que el entrevistado aclara enfáticamente que “no, que la fama es otra cosa”. Y para agregar: “Diría en todo caso cómo es mi relación con la visibilidad… en principio me parece muy lindo. Y los que estamos ahí entendemos que somos un producto de la tele, lo cual genera una repercusión popular que nada tiene que ver con la venta de un puto libro mío de más, ni nada de eso”.
¿No?
No. Sí puede generar efectos secundarios, como por ejemplo que la editorial renueve tus contratos, pero yo no estoy ahí como escritor. Muchos de los televidentes siquiera saben mi apellido. Soy Juan, “el pelado de los libros”. Pero estar ahí no genera, precisamente, lectores propios. Soy un señor que lee. Tienen contigüidad, claro, aunque van por carriles diferentes. Por otro lado, dado que nunca me dediqué a cuidar un “perfil personal”, uno nunca sabe las repercusiones concretas. Por ejemplo, que alguien piense “qué carajo va a escribir éste si sale en la tele” o que te lean por primera vez.
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