Griselda Siciliani
La chica del corazón idiota
Saltó a la fama por su personaje de secretaria en Comedia Nacional y desde entonces no paró de conjugar la actuación con el canto y el baile. No reniega de ser la novia de un hombre fuerte de la televisión, pero le interesa hablar de su presente laboral y de sus proyectos.
Por Ana María Macedo / Fotógrafo: Pablo Cersócimo
El Paseo La Plaza, uno de los corazones culturales porteños, parece renacer después de las siete de la tarde. La gente llega lentamente para ver las obras que están en cartel y la boletería es un punto de encuentro neurálgico. A pocos metros de allí, como inadvertida por la multitud, está Griselda Siciliani vestida con una pollera de flores pequeñas, sin pintura y con dos hebillas que sostienen su flequillo. Sin embargo llama la atención su remera. Tiene una estampa del mítico boxeador Muhammad Ali y, en la espalda, una frase que dice:”Vuelo como una mariposa y pico como una abeja”.
“Me siento muy identificada con esa frase. Es como algo etéreo y fuerte a la vez”, dice Griselda ante la extraña mirada de esta periodista.
Griselda Siciliani, la que noche a noche sube al escenario para plasmar el universo femenino en la obra Corazón idiota, es la misma que ahora cuenta que sabe cocinar, pero no le gusta: que es muy desordenada y que cuida su figura, porque le gusta mucho comer. Etérea o fuerte, habrá que escucharla para saberlo.
¿Cómo surgió la propuesta de la obra Corazón idiota?
Porque Carla (Peterson) y yo queríamos hacer algo juntas que fuera un musical y que tuviera la impronta de Carlos Casella, que es el director. El fue mi maestro y lo admiro mucho. Después se sumaron Ana Frenkel y Darío Cuparo a la dirección. Entre todos fuimos armando la idea hasta que llegó el momento de ensayar. Ahí hubo que poner el cuerpo porque había que crearlo sobre la marcha. En Corazón idiota no hay un guión previo o un director que marca la escena. Ensayamos unos seis meses que, en realidad, es mucho tiempo para una obra comercial. Es como si fuera una obra independiente, pero en el ámbito de una sala comercial.
¿Cuál es la esencia de la obra?
Para mí, lo esencial es el lenguaje artístico que utiliza. Me parece que es único comparado con lo que hay en cartelera. Es un lenguaje muy propio de Carlos y del grupo en general. No se parece a otro y es bastante menos tradicional que otros. Cuando hablo de un lenguaje especial me refiero al extremo al cual se llevan las situaciones que representamos, tanto en lo físico como en lo vocal.
¿En la obra se representan distintos conflictos de las mujeres en general?
No solo de las mujeres. Son conflictos que también los viven los hombres. No quisimos hablar solo del universo femenino.
¿Y por qué ese título?
Nos gustó como sonaba. Corazón idiota suena divino, es muy kitsch. Todos tenemos el corazón idiota. El corazón no tiene raciocinio, actúa por impulso, por instinto. A eso, poéticamente, le llamamos idiotez.
¿Tiene algo del sello Almodóvar?
Se lo puede relacionar porque Almodóvar trabaja mucho el universo femenino y también lleva las situaciones al extremo y con intensidad. No es una obra graciosa. En realidad, las situaciones son tan intensas que resultan graciosas.
¿Te gusta este tipo de teatro psuedo off?
Mmm…¿¿teatro off en la calle Corrientes?? Me gusta este tipo de concepción de la obra. Con tiempo para investigar, sin apuros, pero también me gusta estar en el complejo La Plaza. Es uno de los teatros más lindos que hay. Apenas empezamos a trabajar en la obra pensamos en La Plaza. Eso se lo debemos a Pablo Kompel, que tuvo total confianza en nosotros. Porque no le dimos un libro para que lo lea, fue como firmar un cheque en blanco.
¿Qué cambios percibiste en esta nueva temporada?
Uno muy importante es el cambio de horario. La temporada anterior la función empezaba a las 0.30 y era difícil, porque la obra es muy intensa desde lo físico y desde lo vocal. Había que sostener una energía muy grande. Terminábamos cenando de madrugada, era muy agotador. Ahora hasta cambió el público. Antes venía mucha juventud, más del teatro under, ahora viene gente más grande, muchos matrimonios, y eso nos cambió mucho a nosotros. Y otra cosa es que, al reestrenar, es como que el espectáculo tiene otra luz. Hay algo que madura en el tiempo en el cual la obra no está en cartel.
La nota completa en El Planeta Urbano de Marzo