Pura distinción
En pleno Palermo, Belushi propone esplendor sin acartonamiento, muy buena comida, tragos estupendos en barras suculentas y, esencialmente, el clima de un bar en cada rincón que ofrece a sus visitantes.
Autor: Camilo Chermes / Fotografías: Manuel Manso y Salvarredy fotografía
El impacto aquí puede calificarse como contundente e imponente. Primero, modestia en la puerta. Y luego lo extraordinario, la magnificencia del salón central de Belushi Martin Bar, con madera fina, sillones negros, y luces como estrellas. El contraste es imponente. Es cierto, era la intención: “Lo que quería lograr -cuenta Fernando Aleixo, uno de los propietarios- era que el golpe fuera muy fuerte. La entrada, si vos la ves bien, es muy modesta pese a tener una recepción. Y después entrás y te encontrás con esto, que es muy imponente”.
Es difícil pensar que no había nada de lo que hoy se ve. Primero fue una imprenta. Luego nació la idea de Belushi de poner un bar, porque de eso se trata. Es que el lugar, explica Fernando, nació como un bar en el que se puede comer. Pero el concepto es básicamente el de una buena coctelería. Pedro Blanco como bartender es garantía de tragos increíbles, todos de bebidas Premium. Se puede degustar una carta de Martinis, con Absolut de corte y el resto de la misma por colecciones. Están los Vintage, aquellos tragos clásicos, y los Prêt à Porter, con la interesante posibilidad de disfrutarlos ya sea en la barra principal, en el living frente al hogar o bien en la terraza. En el staff, además del joven y experimentado Pedro, están Edgardo Kuda, cocinero ejecutivo, y Gustavo Vanini, a cargo de la dirección musical.
Belushi es, entonces, un bar con entretenimiento para nada acartonado. Por eso tanto machaque de Fernando en que el horario de servicio de mesa fuera de 21 a 23.30, para que luego se pudiera sumar mucha gente y disfrutar de las barras, que ésa es la esencia de Belushi. Es que, como explica Aleixo, la propuesta tiene dos franjas horarias bien marcadas. Estas son la de la cena, por un lado, y la del bar, por otro, en la que la música va subiendo progresivamente.
El local, desplegado en 500 metros, se divide en tres espacios. Por un lado está el salón principal, rectangular, aquel del impacto tras la puerta modesta. Hay también, hacia el fondo, un espacio underground en el que cada noche se pueden ver diferentes bandas en vivo. Y también está la terraza, única en su diseño, con un hogar que se enciende todos los días garantizando la perfecta combinación de fuego, aire y agua en un mismo lugar.
La carta no es muy extensa, es cierto. Hay, en rigor, tres platos, tres entradas y tres postres. Y mucho finger food. Pero ya lo asegura Aleixo: “Por ahí no es demasiado amplia, pero todo sale impecable: se puede cenar con excelencia”. Para cuando haya salido esta nota ya se habrá concretado la presentación de sushi, que se servirá de manera exclusiva en la terraza.
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