La comida no entra por los ojos

Extasis es una experiencia senso-perceptiva que invita al deseo, al placer y al gozo. Una vivencia gastronómica en la cual hay que prescindir no solo de la vista, sino también de la palabra. Y vale la pena sumergirse en este viaje que propone el grupo de teatro senso-perceptivo Avitantes.

Autora: María Paz Berri / Fotografías: Cortesía Te mataré Ramírez

¿Qué partes de nuestro ser evocamos cuando no podemos ver? ¿Qué cosas percibimos cuando carecemos del sentido de la vista?
La mesa está servida, y la invitación es en el restaurante afrodisíaco Te mataré Ramírez. En todos los huecos y escondites hay aroma a pasión y deseo. Se trata de un espacio multidisciplinario que combina la comida con el teatro, la música y la imaginación de cada uno.
Los ojos son vendados antes de ingresar al salón, y todo pierde su forma y dimensión. No hay horario, no hay murmullo, solo una vivencia estimulada por nuestra fantasía.
Con un tinte erótico exploramos de manera mágica el olfato, el gusto, el tacto y el oído, dejando de lado la vista. El show ya comenzó. Solo nos resta una pregunta: ¿Cómo canalizamos aquello que a diario estamos acostumbrados a ver?

OJOS CERRADOS
Esta propuesta surge como resultado de una obra llamada Ojos Cerrados, a cargo del grupo de teatro senso-perceptivo Avitantes, y lo que busca es explotar al máximo los sentidos, pero dejando de lado el de la vista: “El mismo sonido es diferente si estamos viendo a si tenemos los ojos tapados”, detalla Maisa Pereira, integrante de Avitantes. “Vivimos en una realidad en la que el 80% de la información que nos llega es visual, entonces al estar con los ojos vendados es como si se abrieran el resto de los sentidos: la piel, el olfato, el gusto”, agrega Jerónimo Grandi, también integrante del mismo grupo.

Se estimula una nueva gama de sensaciones que no estamos acostumbrados a percibir. La clave está en entregarse: “Algunos se aflojan por completo y otros van de a poco. Nosotros miramos a cada persona y obramos en consecuencia de lo que pasa. Y por eso cada noche es diferente”, comentan ambos integrantes.
Música oriental, ráfagas de aire, sonidos de flauta, frío, calor, el rozar de telas perfumadas, caricias y abrazos que vienen desde la oscuridad. Un lugar intangible e imaginario que cada uno crea y recrea según las percepciones generadas por los estímulos que llegan a nuestros sentidos. Sensaciones que nos transportan al desierto y a selvas lejanas y desconocidas. Y además, jadeos y orgasmos que erizan la piel. Todo en un mismo lugar: en la mente de cada comensal, y en la mesa a oscuras de un restaurante, con la compañía de expertos en estimular nuestros sentidos para gozar de un buen momento.

UNA OBRA INTERNA
Los integrantes de Avitantes están convencidos de que hay tantas obras como personas que participan de ellas. Y esto sucede porque frente al mismo estímulo se sienten emociones diferentes que tienen que ver con las vivencias de cada uno: “Lo que tiene de bueno esto es el sentir. Estamos acostumbrados a pensar, y la gente no tiene definición para el sentir. Si vos le preguntás a alguien cómo siente no te lo puede definir”, detalla Daniel Falcone, de prensa y producción de Extasis.

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