Jugar a ser Dios

No son pocos los científicos que advierten la peligrosidad del colisionador de hadrones o “Máquina de Dios”, como se la llama. De seguro no causará la abertura de un agujero negro, pero sí podría ocasionar estragos en el magnetismo del planeta y catastróficos desajustes para el clima y el ecosistema.

Si Dios necesitó una máquina para crear el Universo significa que estamos en problemas. Lo que la ciencia parece no saber es que Dios no crea con tecnología y que tal vez el Big Bang no sea una teoría del todo válida a la hora de explicar cómo empezó todo. Lo único cierto es que el hombre en su afán de conocer el pasado olvida lo frágil de su condición frente al futuro de la especie.

El Gran Colisionador de Hadrones (en inglés Large Hadron Collider o LHC, por su denominación en siglas) es un acelerador o colisionador de partículas a cargo de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), cuya base de operaciones se localiza cerca de Ginebra, en la frontera franco-suiza. Los aceleradores de partículas son instrumentos que utilizan campos electromagnéticos para acelerar las partículas cargadas eléctricamente hasta alcanzar velocidades (y por lo tanto, energías) muy altas, pudiendo ser cercanas a las de la luz.

Un acelerador permite explorar el mundo de lo infinitamente pequeño en busca de los elementos fundamentales de la materia. El LHC se diseñó para colisionar haces de hadrones (en la Física de Partículas, un hadrón -del griego “hadros”-, denso, es una partícula subatómica que experimenta la fuerza nuclear) más exactamente de protones de 7 Tev de energía, los que, acelerados a velocidades cercanas a la de la luz y chocando entre sí en direcciones diametralmente opuestas, producirían altísimas energías (aunque a escalas subatómicas) que permitirían simular algunos eventos ocurridos durante o inmediatamente después del Big Bang.

Más de 2.000 físicos de 34 países y cientos de universidades y laboratorios han participado en su construcción. La ciencia pretende detectar la partícula conocida como el bosón de Higgs (llamada "La partícula de Dios"). La observación de esta partícula confirmaría las predicciones y los "enlaces perdidos" del modelo estándar de la física, pudiendo explicarse cómo adquieren las otras partículas elementales propiedades como su masa.

LA FUERZA DE DIOS, COMIENZAN LAS SOSPECHAS

El LHC puede producir una potencia de 7 terawatts (7.000.000.000.000 de watts) y un campo magnético de 4 teslas (el campo magnético de la Tierra es de 50 microteslas). Sin lugar a dudas, el acelerador de hadrones tiene un tremendo potencial a escala macro de poder. Estaríamos hablando de fuerzas que poseen la capacidad de modificar a niveles cuánticos la existencia del planeta en lo referente a su ubicación en el plano de la continuidad espacio-tiempo del Universo local.
Ningún dispositivo jamás conocido acumuló tanto poder con la capacidad de modificar la existencia, lograr la transportación interdimensional, viajar en el tiempo o crear agujeros de gusano. El costo de obtener una respuesta a cómo empezó todo podría ser muy alto. ¿Por qué entonces se pone en riesgo el planeta entero? Sin dudas, y por lo investigado en casos de experimentos anteriores, esto no es lo que parece ser.

No son pocos los científicos que advierten la peligrosidad de este experimento. De seguro no causará la abertura de un agujero negro, pero sí podría causar estragos en el magnetismo del planeta y catastróficos desajustes para el clima y el ecosistema. Si se llegara a tales extremos, la ciencia está lejos de tener la capacidad para revertir el proceso una vez desencadenado. Las ondas magnéticas podrían perder el ritmo que las mantiene estables.

Los terremotos, maremotos, huracanes y desplazamiento de las capas tectónicas que el planeta sufre en la actualidad de forma creciente se deben a la pequeña y, controlable todavía, inestabilidad del magnetismo, el cual nace en los polos, alternándose con las vibraciones y frecuencias naturales del planeta. Esta inestabilidad que se experimenta se debe a procesos como la creciente actividad solar, la contaminación de la atmósfera causada por los gases emanados del petróleo, los cuales al ser tan densos no permiten que las ondas del magnetismo se desplacen uniformemente envolviendo al planeta para su protección y vida.

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