Baile: Alimento Para el Alma

 

 

Por Maximiliano Guerra (Especial para El Planeta Urbano)

Yo soy bailarín porque necesito sentir la comunión entre mi cuerpo y el espacio. Porque soy consciente de que la comunicación es física, desde tiempos inmemorables, y me quiero comunicar.

Siento la necesidad de proyectar mi alma a través del movimiento y en total libertad. Porque la danza no es simplemente mi cuerpo moviéndose al ritmo de la música. Es mucho más y constituye una filosofía de vida. Me incita, me atrapa y me enseña a crecer cada día con rigurosa disciplina, dedicación y pasión. Tres necesidades fundamentales para el ser humano… sea bailarín o no.

Siempre pensé que para llegar a ser una persona exitosa en la vida, en todos los sentidos, debemos saber movernos en esta sociedad, sea cual fuere la profesión que desarrollemos. Que debemos mantener una disciplina férrea en el ser y en el hacer. Que tenemos que abocarnos a nuestra condición, repito: sea cual sea, dedicando entrenamiento tanto físico como mental para conocer, entender y respetar nuestra vocación.

El baile de la vida

En cuanto a la dedicación, es el sentido más puro del compromiso que nos debemos a nosotros mismos para sentirnos plenos.

La pasión, quizá la palabra más amplia e inabarcable junto con el amor, se nos presenta en la vida. Simplemente se nos presenta. Y es con pasión y amplitud que debemos pararnos frente a ella. Así como a mí me toca pararme sobre el escenario, frente al público, aferrado a mi arte dentro de un personaje. O en compañía de mi mujer y de mis hijas en la vida cotidiana.

Recuerdo aquella frase tan utilizada pero a veces poco comprendida que dice: “La vida es un baile”. Y no puedo estar más de acuerdo. Parece ser “la” frase que rige mi vida. Esas son las palabras que me acompañaron desde la niñez.

Bailar es lo que más me gusta hacer. Todo lo que tengo es gracias al baile. La vida que llevo -de felicidad y bienestar-, la tengo gracias al baile. En otras palabras, gracias a la alegría que siento al bailar. La danza me da libertad, disfrute y un conocimiento profundo de mi persona.

No resulta común tener la posibilidad de vivir de lo que a uno le gusta (de la vocación que uno tenga). Por eso, cuando uno hace lo que le gusta, eso lo hace feliz. Lo hace sentirse realmente vivo.

Una sociedad bailarina

Después se empieza a distinguir entre la danza espectáculo y la danza social.

En la Argentina existe mucha tradición de danzas. Históricamente, desde nuestros indios -seguidos por los gauchos- hasta el folklore, el tango y los bailes de salón nuestra tradición está signada por la danza. Actualmente bailamos en casamientos, cumpleaños de 15 o discotecas. Somos una sociedad bailarina y creo que eso es sano.

Para mí la danza es el mejor modo de comunicación. ¿Quién no recuerda la adrenalina que producía invitar a bailar a la chica que te gustaba? ¿O esperar que el chico se atreviera a invitarla a ella, que moría por decir que sí? Así comenzaba todo, con un simple gesto y con el baile como testigo. Siempre son los cuerpos los que hablan primero.

En ese sentido no hay diferencia entre la danza espectáculo y la social, creemos que son distintas, pero no. Si pensamos que bailar es comunicarse; es lo mismo que se haga desde arriba de un escenario o no. La comunicación y la seducción es la misma, ya sea con un público de miles de personas o con sólo un espectador.

TERMINA DE CONOCER TODO LO QUE ESTE GRAN BAILARIN TIENE QUE DECIR, EN EL PLANETA URBANO DE AGOSTO