|
Autor: Enrique Szewach (Especial para El Planeta Urbano)
Anticipar la evolución de la economía argentina siempre obliga a proyectar los cambios en la economía internacional, en especial, el precio de nuestros principales productos de exportación. Esto es así porque nuestro ciclo económico depende fuertemente del precio de los commodities. De la misma manera que el ciclo de una empresa que no puede fijar sus precios de venta, que tiene una demanda relativamente inelástica y costos más o menos fijos depende de la evolución de los precios de los productos que vende. Cuando la soja y sus derivados están en precio récord crece nuestro ingreso nacional. Ese aumento del ingreso nacional se “comparte” entre los productores y exportadores que lo “distribuyen” en sus zonas y sectores de influencia. Y el Estado que, a través de los impuestos a la exportación, recauda y luego, también, redistribuye en función de sus prioridades políticas y sociales.
Cada vez, en cambio, que el precio de nuestros productos de exportación se cayó, nuestra economía entró en crisis.
Pero a su vez, los precios de los commodities, al estar denominados en dólares, dependen de la relación entre el precio del dólar y el resto de las monedas del comercio mundial. En otras palabras, los precios de la soja aumentan (o caen), porque la demanda supera la oferta (o al contrario), o porque cae el valor del dólar (o sube), o ambas razones simultáneamente.
Ahora estamos en ese período: un dólar débil en el mundo y una demanda creciente de alimentos por la incorporación de nuevos “comensales” a la mesa global. Además de una demanda creciente de productos agrícolas para “fabricar” biocombustibles. Estas tres cuestiones se conjugan para un extraordinario ciclo de los precios de nuestras exportaciones. Es por ello que somos más “ricos” como país. Por supuesto, al ser más ricos, nuestra demanda de bienes y servicios, en promedio, aumenta. Una parte de ese aumento se traduce en mayor producción, otra parte en mayores importaciones y, por último, otra parte en mayor inflación. Como además atamos el peso a un dólar débil, lo que importamos, en otras monedas que no sea el dólar, como el real brasileño, el peso chileno o el euro nos sale más caro, de manera que también “importamos inflación”.
Es por toda esta larga introducción que resulta importante saber, primero, la evolución del precio de los commodities en general y de los agrícolas en particular. Y después, la del dólar respecto del resto de las monedas. De esas dos cosas dependerá el incremento de nuestra “riqueza nacional” el año próximo.
¿Y qué se espera para ambas cosas?
Woody Allen dice que las opiniones sobre él están divididas, todos piensan que es un tonto, menos él.
Respecto del futuro de la economía mundial sucede algo parecido, sin la tajante asimetría que surge del chiste de Woody. Una parte importante de la biblioteca predice un aterrizaje suave de la economía mundial, es decir una desaceleración del crecimiento, una leve caída adicional del dólar y el valor de los commodities agrícolas, relativamente parecido al de hoy.
En ese contexto, y dado que la economía argentina está casi en pleno empleo, lo que puede esperarse es un crecimiento algo menor, con presiones inflacionarias fuertes y conflictos crecientes en torno de la “puja” salarios-precios. En ese escenario, el gobierno desacelera el crecimiento explosivo del gasto público de este año, aumenta la presión fiscal para tener mayor superávit y “ancla” el tipo de cambio en torno de los valores actuales para calmar las expectativas de mayor inflación y hacer tolerable un ajuste moderado en los precios retrasados de energía y combustibles.
ENTERATE COMO VA A FUNCIONAR LA ECONOMIA EN EL 2008 EN EL PLANETA URABNO DE ENERO/FEBRERO
|
|