Tribus urbanas: Adorada avispa

 

 

Autora: Clara Cook / Fotografías: Nicolás Salti

En algún momento se los denominó “mods”, pero aquel término ya quedó demodé; eran los enemigos públicos de los “rockers”, pero en el siglo XXI poco queda de aquella contienda. Fueron seguidores acérrimos de la moda y de la música, y esto -además del amor por sus motonetas- es una de las pocas coincidencias que perduran entre los primeros fanáticos de las motonetas Vespa, allá por los años ´50 y ´60, y los que hoy despuntan el vicio en las modernas calles del mundo.

Es cierto también que el fanatismo por las Vespa no es ninguna novedad. Desde que se creó, hace 61 años, ha acumulado fanáticos en todo el globo y ha sido, en ciertas oportunidades, mucho más que un simple “scooter”, sino el modelo de un estilo de vida que marcó varias décadas.
Pero, ¿cómo surge el fanatismo acérrimo por este vehículo que pasó de ser una simple alternativa económica de transporte a todo un referente entre los jóvenes? La historia se remonta a la II Guerra Mundial y la principal carencia que estableció en la sociedad del Viejo Continente: la necesidad de disponer de un medio de transporte cómodo, de fácil manejo y -sobre todo- económico. De esta manera, la compañía naval Piaggio le encargó al diseñador aeronáutico Corradino D’Ascanio, el rediseño del modelo Paperino (Pato Donald) y así surge la Vespa. Su nombre, dicen, se debe a que cuando Piaggio contempló el trabajo del ingeniero exclamó: “Sembra una vespa” (“Parece una avispa”); y así fue como quedó bautizado este simpático modelo que renovó por completo el mercado de los vehículos de dos ruedas.

Pero el furor total llegó en las décadas del 60 y del 70. No solo fue protagonista de películas como Vacaciones en Roma y Quadrophenia, sino que la han manejado Louis Armstrong, Carolina de Mónaco y Juan Manuel Fangio; fue decorada por Salvador Dalí; bendecida por el papa Juan Pablo II; le dedicaron un tango, La Vespa y la guapa; y, más importante aún, ha quedado inmortalizada en cientos de fotografías familiares alrededor del mundo.

FANATISMO CON COLOR LOCAL
Curiosamente, lejos de haber disminuido el amor por la Vespa, éste mutó. Mientras antes implicaba un marcado estilo de vida, ahora se entremezclan la comodidad, la fidelidad hacia la marca y su condición de “irrompible”.

Y quién sabe por qué motivo, la Argentina es uno de los países que más Vespa Clubes y agrupaciones de fanáticos contiene. Más allá de que algunas tradiciones hayan cambiado, la pequeña motoneta continúa erigiéndose como un venerado objeto de deseo.
Lo cierto es que en nuestro actual 2007 -un tanto alejados de aquel 1946 inspirador- si estamos atentos podemos ver con bastante regularidad extensas filas de encascados motociclistas con aire “retro” que, alejados de los ruidosos “harleros” (fanáticos de las Harley Davidson), sacuden el asfalto sobre sus antiguas Vespa.

“Yo había vendido un auto que tenía, un 128 destrozado, y no quería otro auto, quería una moto. Necesitaba algo económico pero que sea un fierro, que no se rompa más. Revolviendo en mi casa encontré una foto de mi abuelo con su Vespa y dije ‘quiero esa misma’. Tardé como 6 meses en conseguirla. La fui a buscar a Arrecifes hace 6 años. La moto no andaba, pero me gasté solo 15 pesos en ponerle un platino y ¡salió arrancando!”, cuenta Nicolás Salti, miembro de la Red de Vespistas Argentinos, una “comunidad” fanática de las Vespa.

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