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Autor: Juan Cocco / Fotografías: Cortesía barra-bravas.com.ar
-Es lo que Jesucristo hizo por nosotros.
-¿Ayudar a los barrabravas?
-Bueno, en este caso, ponernos en lugar de ellos. Recibir los palos por ellos.
-¿Pero no son los barrabravas los violentos?
-No. La violencia se genera también en la policía, por ejemplo.
La que habla es Yamila Franco, de la Juventud Evangélica Bautista Argentina (JEBA), una organización religiosa que desde 1997 se esfuerza por rehabilitar barrabravas mediante acciones directas.
La cosa es así: el grupo de bautistas tiende un cordón humano entre la policía y los hinchas que van ingresando al estadio por un túnel de rejas y personas. Nerviosos ante la mirada policial, los barras van cargados con banderas ajenas y propias, bombos, trompetas, bengalas, facas afiladas bajo la suela de las zapatillas y algún fierro robado. Los apuran a bastonazos. Les revisan los bolsos, la ropa y los trapos enrollados, donde pintaron mensajes de amor al club y a algún dirigente político que pagó unos pesos para que su nombre aparezca en las pantallas de TV.
Adentro del estadio, el presidente del club, los jugadores, otros hinchas y periodistas aguardan que la pelota ruede. Rezan en vano para que la violencia que alimentaron con empeño no explote en las tribunas.
El infierno son los otros
El de los barrabravas es uno de esos no raros casos en que miles y miles de personas intentan redimirse a través de unos pocos. “La violencia que vemos en los estadios de fútbol no es más que el reflejo de lo que pasa en la sociedad. Solo que en el fútbol se observa con una lupa de gran aumento”, analiza Jorge Dugo, miembro de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina (APDA).
Es que esta tribu de cepa 100% nacional de fanáticos del fútbol, que se expresan con la más cruda violencia urbana, es la síntesis visible de una compleja trama social y de una manera autóctona de los argentinos de vincularse con el dinero, el poder y la muerte.
Y “El Rulo” lo sabe bien. Ha visto a los bautistas repartir folletos con el lema “No más violencia”. Pero “El Rulo” descree tanto de ellos como de los operativos policiales. “¿Sabé cómo se termina la violencia en el fúlbo? ¿Sabé cómo? La cana tiene que poné al frente a cinco o sei ex barra que conocen el paño pá solucioná todo. Porque la seguridá en lo estadio e’desastrosa, lamentable”, propone.
“El Rulo” no es uno más en la barra. Hoy le toca ser la mano derecha del líder, un personaje con aires de caudillo que la mayoría de las veces anda debiendo cuentas a la justicia. “El Rulo” se ganó la confianza de “El Capo” -como lo llama- con un gesto de lealtad cristiana. “Cuando estuvo ‘sopre’ por un problemita de cancha, yo le llevaba la comida al penal”, martilla.
“¿Puede el fútbol convertir a las personas en violentas? ¿Habrá un nivel de agresión en todo ser humano? ¿La gente va a la cancha a alentar a su equipo o a descargar sus agresiones, broncas y tensiones?”, se pregunta Dugo, de APDA, que analiza el deporte desde una perspectiva más amplia.
DESCUBRI POR COMPLETO ESTA TRIBU URBANA EN EL PLANETA URBANO DE MAYO
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