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Autora: Agustin a Fernandez / Ilustración: Gustavo Mammola
Escena de la vida contemporánea: John Pitt, un estudiante universitario de 20 años que vive en Colorado, Estados Unidos, decidió pasar un fin de semana con otra mujer en Minnesota, para lo cual debía inventar alguna mentira creíble para su novia. Sin vueltas, envió un mensaje de texto al Club de coartadas y excusas , un site con más de 4 mil miembros que se prestan ayuda, y la solidaridad no falló. Uno lo llamó al instante, delante de su novia, haciéndose pasar por el entrenador del equipo de fútbol de la Universidad de Minnesota para avisarle que lo necesitaban. Para reforzar, John le envió una foto junto al equipo y la llamó con el ruido de entrenamiento de fondo. Todo a través de su celular y gracias a una empresa alemana -que creó una aplicación que permite introducir en la conversación sonidos falsos- y a otra japonesa que por 105 yenes, casi $4, inserta la foto del cliente en cualquier contexto.
Al servicio de la mentira, del trabajo, de la amistad, del arte, incluso de la protesta, la telefonía móvil se ha instalado en nuestras vidas cual pieza imprescindible. Pero ocurre que este medio de comunicación -o de expresión- provee por un lado una libertad sin límites y por el otro varios tipos de dependencia.
TODOS ESTAN INVITADOS
En un principio fueron un símbolo de e status, pero como la televisión por cable o Internet, luego casi todos pudieron acceder. “El uso de celulares s e ha democratizado. La gente de muy bajos ingresos puede tener uno y está solucionando problemas de comunicación”, afirma optimista Clarisa Voloschin, socióloga y psicóloga social.
Es una verdadera conquista que más de la cuarta parte de la población mundial use celular, pero todavía la revolución está incompleta y muchos temen que se amplíe aún más la brecha entre ricos y pobres debido a las disímiles inversiones en tecnología. Por ejemplo, mientras Estados Unidos gasta cada año por ciudadano casi tres mil dólares en software, hardware y afines, Bangladesh invierte solo uno. Por otro lado, ya lejos de ser un objeto de deseo, el celular es un lujo que puede darse la mayoría, y así lo fomentan las marcas, como Samsung que dice: “ DigitALL: Everyone is invited (Digital: Todos están invitados) ”.
CONECTANDO GENTE
Según cuenta la socióloga Voloschin, la franja de la sociedad que más acata la moda del aparatito multifunción es la de los adolescentes. Fascinados por sus luces destellantes y por la posibilidad de estar siempre conectados, ocurre que los más jóvenes -a diferencia de sus mayores- no necesitan familiarizarse con la innovación, ¡es que han crecido con ella! Pero el mercado no quiere perder ningún target, por eso se comunica con un lenguaje claro para todos. “ Si la experiencia es Internet en tu bolsillo hay que decirle eso a la gente, el resto está implícito. Uno tiene que explicarles la experiencia para que sepan qué necesitan”, explica Axel Meyer, diseñador de Nokia.
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