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Autor: Gabriel Schultz (Especial para El Planeta Urbano)
El cambio climático es eso de lo que nos vienen hablando hace tiempo pero, como buenos irresponsables que somos, pensamos que les va a pasar a otros. Desde chiquitos nos dijeron que “Argentina es un país maravilloso, tenemos todos los climas”. Lo que nunca nos avisaron es que los podíamos tener todos... ¡en un solo día!
Y si a esto le sumamos que de pronto cae nieve en Buenos Aires, como el pasado 9 de Julio, entonces ya estamos en un camino que no tenemos ni idea de dónde puede terminar.
Sin embargo, una de las cosas que sabemos que tenemos que cuidar es la energía. En eso estamos todos de acuerdo, ¿no? Pero somos el único país del mundo, o al menos uno de los pocos, que no cambia el horario para ahorrar luz, como hacen en todos lados. ¿Cómo no aprende el mundo de los argentinos?
Y para seguir derrochando energía hacemos un concierto mundial, multitudinario, que gasta muchísima electricidad, con canales que transmiten las 24 horas cada uno de los eventos que van sucediendo, con la secreta intención de que nadie se vaya a dormir ese día, no sea cosa que apague las luces. Todo esto, por supuesto, organizado por un ex vicepresidente de los Estados Unidos -el país que más contribuye al calentamiento global-, que se dio cuenta de esto, casualmente, el día que dejó de ser funcionario.
Ahora sabemos que el mundo nos eliminará como raza si no hacemos algo. Por ejemplo, la empresa Planktos, de Forster City (California), está ejecutando un plan que algunos ven prometedor y otros riesgoso por las potenciales consecuencias ecológicas. Hace un tiempo zarpó su barco Weatherbird II hacia el Pacífico, para echar por la borda 50 toneladas de hierro en polvo.
La idea es que el hierro estimule al plancton para multiplicar su fotosíntesis. Esto es, en palabras más o menos entendibles: fertilizar el océano. Lo peor es que no entendemos si esto es bueno o malo, y qué puede pasar después., Hay cientos de ejemplos como éste, en que no logramos definir qué resultado tendrán. El caso es que, a veces, parecería ser que el problema es la solución, es decir, mientras buscamos solucionar una cosa, estamos provocando un problema mayor o, al menos, distinto.
ENTRETENETE CON TODO LO QUE DICE GABRIEL SCHULTZ EN EL PLANETA URBANO DE AGOSTO.
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