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Autora: Vanesa Mendoza
Las plantas carnívoras son sus mascotas. Las cuidan, las alimentan y disfrutan de cada mosca que, atrapada entre sus dientes, se convierte en el desayuno. Pero a no preocuparse si nuestro vecino las tiene en su balcón: la carne humana no es de su agrado.
Hollywood las ha presentado como devoradoras insaciables, como majestuosidades del terror. Gigantes, verdes, malignas y temerarias. Así eran las plantas carnívoras para los creativos del séptimo arte. Pero lo cierto es que, además de realizar el proceso de fotosíntesis habitual del resto de los ejemplares silvestres, se alimentan de insecto y pequeños animales, ganándose así su mote de “carnívoras”.
El cultivo de estas rarezas se ha convertido en una de las novedades más curiosas del mercado mundial. Alemania encabeza la lista de cultivadores junto a Holanda, Francia y España; todos ellos asociados a ICPS (International Carnivorous Plant Society), la entidad que se encarga de difundir en el mundo las novedades y los hallazgos científicos de estas llamativas plantitas. De hecho, en septiembre del año entrante se realizará el congreso mundial en Sydney, donde esperan la llegada de especialistas y fanáticos de todo el planeta.
CARNIVORAS NACIONALES
En la Argentina también existe un grupo de jóvenes que se dedican al cultivo y cuidado de plantas carnívoras. Son cinco personas trabajando full time con colaboradores que estudian agronomía y botánica.
Seguramente imaginarán a este grupo de treintañeros como unos +freaks+ rodeados de vegetales malignos, espinosos y macabros, casi extraídos de un safari en plena selva australiana. Pese al prejuicio popular, esta sociedad de amigos dista mucho de ello. Sostienen que con su trabajo buscan generar una conciencia social, respeto por estas plantas y en especial por todo el medio ambiente. Se denominan “cultivadores inquietos” y cuentan ya con 32.000 plantas carnívoras, unos 8.000 cactus de colección y 5.000 otras especies.
Pablo Durán y su hermano Diego son los socios fundadores de Neocultivos, un microemprendimiento que encuentra sus orígenes en la pasión que su abuelo materno sentía por los cactus. El “Tata” les dejó como herencia familiar un par de ejemplares y juntos decidieron ir por más. Comenzaron hace 10 años a cultivar las primeras carnívoras y, aunque en un principio se las vendían a los amigos de los amigos, luego ampliaron el mercado y organizaron un verdadero delivery. Pablo cuenta que esta pasión familiar les mostró un alucinante mundo silvestre y, a pesar de que no les resultó nada fácil, descubrieron un maravilloso hobby. “Los primeros tiempos fueron durísimos, estábamos en la completa ignorancia. De a poco fuimos adaptando elementos de otros cultivos hacia las carnívoras y logramos un avance importante”, dice.
Se conocieron por casualidad y la misma pasión por las plantas los fue uniendo como grupo. Los que más experiencia tienen en el tema son los hermanos Durán, que fueron sumando adeptos a lo largo del tiempo. En la actualidad el equipo de trabajo está conformado por Fabián Caputto, Pablo Díaz, Fabián Torthu, Vanessa Fernández, Germán Bossio y Alexa Dubrim.
Pablo cuenta que las cosas se fueron dando naturalmente y cada uno fue tomando una tarea en la producción, difusión y venta. Además de trabajar juntos son principalmente amigos. Germán Bossio, responsable del local de San Isidro, cuenta que su primera carnívora se la regaló Pablo, con quien se conoce desde hace tres años. “A partir de ese momento no pude parar; leía todo lo que caía en mis manos acerca de estas plantas. Ahora tengo muchas en mi casa y también en la casa de mis viejos. Las cuida mi mamá y ya no creo que me las devuelva, las carnívoras le encantan”.
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