El año de Gabo

 

 

Los caprichos de la casualidad permiten festejar, en este 2007, cuatro cumpleaños de uno de los escritores más influyentes de la literatura universal: un pretexto para recordar su historia, la de la bendita manía de contar.

Por Mauricio Moreno Martínez

Una tarde de sol le pareció tenerlo tan cerca que descreyó de tanta facilidad. La pesadez de sus domingos había sido estremecida de pronto por la sola posibilidad de, como acababan de revelarle, haber pasado sin advertirlo a un lado de su idolatrado Gabriel García Márquez. Regresó al avión con el corazón hecho un bombo, realizando esfuerzos para no llevarse puestos los autos estacionados en un aeropuerto colombiano. Se detuvo frente a la espalda de un anciano al que le dolía la pierna al subir unas escaleras con la sola ayuda de su bastón. Avanzó hasta sobrepasarlo. Entonces se examinaron mutuamente con ojo clínico, hasta que el pesimismo de la incredulidad lo hizo volver.
Este tipo de alborotos produce el escritor colombiano Gabriel José de la Concordia García Márquez (“Gabo” para sus amigos, “Gabito” para quienes lo son aun más). Lo curioso es que ocurre en cualquier parte del mundo y no hay diferencia entre prolíficos escritores o novatos, lectores voraces o solo ocasionales. Aquel era un escritor principiante, pero ya le pasó una vez algo parecido a Pablo Neruda, que no bien terminó de leer +Cien años de soledad+ agarró el teléfono y obligó a un amigo a leerlo de inmediato.
Los caprichos de la casualidad permiten festejar, en este 2007, cuatro cumpleaños con “Gabo” como homenajeado. Son un pretexto, sobre todo para los costeños, como se conoce a los habitantes de la región de la costa colombiana donde nació. Estos sujetos, de evidente alegría, continúan con la tradición de sus fiestas, famosas por llevar las mismas nutridas raciones de música y alcohol que las de Aureliano Segundo Buendía en Cien años de soledad, o de la que participa Santiago Nasar en Crónica de una muerte anunciada.
Han pasado 80 años desde su nacimiento, 70 desde la publicación de su primer cuento, 40 desde la de Cien años de soledad, su novela más leída, y 25 desde que le dieron el premio Nobel de Literatura. Este es, sin dudas, el año de Gabriel García Márquez. 

EL ORIGEN DEL ORIGEN
A García Márquez no le agrada su nombre. “Es una sarta de lugares comunes que nunca he logrado identificar conmigo”, contó hace mucho tiempo en una presentación del libro Retratos y autorretratos. Fue ahí donde confesó que es escritor por timidez, que su verdadera vocación era ser prestidigitador y que ambas actividades tienen que ver con el único interés que ha tenido desde siempre: “Que mis amigos me quieran más”.
Los primeros ocho años de vida, transcurridos en su pueblo natal, Aracataca, fueron caldo de cultivo para su posterior creación literaria. “Es difícil que haya una línea, en alguno de mis libros, que no tenga su origen en la infancia”, admitió. Durante aquel tiempo sometió su oído a las historias fantásticas que le contaba su abuela, de supersticiones, de incestos que engendran bebés con cola de chancho, pero sobre todo las de muertos que no abandonan este mundo. Fueron fábulas que alimentaron su estilo característico, el del realismo mágico, con el que cuenta con naturalidad hechos considerados anormales.
Pasó la adolescencia en varios internados de otras ciudades. En uno lo deprimió tanto la nostalgia de los tiempos alegres en Aracataca como el paisaje gris de la urbe. No salía del edificio ni los días libres. Pero tras la tortura apareció un costado dulce: “Durante esos años pasé encerrado la totalidad de las horas libres despachando libros de Julio Verne y Emilio Salgari”, contó. Son muchos los que ven ahí el origen de su vocación de escritor.

DESCUBRI A GABRIEL GARCÍA MARQUEZ EN EL PLANETA URBANO DE ABRIL