Fenómeno Simbiótico

 

 

Autora: Daniela Barrera

Unidas por la admiración que la música provoca, con talento, actitudes, posturas y lenguajes que pretenden hablar un mismo idioma -el de sus ídolos-, las bandas tributo habitan entre nosotros viviendo una doble vida. O vidas de dobles. Hay muchas solo en Buenos Aires, pero se reparten por todo el mundo con el mismo objetivo: representar en el escenario a esas figuras tan grandes y lejanas. Y lo hacen con tal dedicación que hasta pueden hacer sentir que los gigantes están allí. Tocando para nosotros. Cantando y cautivándonos como presas de esa armoniosa combinación de sonidos que nos atrapa y se adueña de oídos, corazón y cerebro -en ese orden-, cada vez que logran que las almas se unan con la sensación de tener frente a sus ojos a los verdaderos líderes de nuestras emociones.  
“Hacer tributo es rendir un homenaje a aquella banda que nos acompañó en algún momento especial de nuestras vidas, nos ayudó a desarrollarnos como músicos y hoy, además de hacernos felices cuando interpretamos sus temas, nos recuerda los sueños que tuvimos al empezar a tocar”, define Ramiro Jatuff, la voz principal y guitarra acústica de Satisfaction, tributo a The Rolling Stones.

IDIOMA UNIVERSAL
En esta tribu urbana el idioma es uno solo, el mismo para todos. Admiración, respeto y compromiso se alzan como los estandartes de un conjunto de códigos que identifica, moviliza y mantiene a los integrantes de las bandas tributo en el camino de homenajear fielmente a los músicos que tanto aman.
Para lograrlo se meten en el mundo de sus ídolos, imitándolos casi hasta convertirse en ellos, pero con la gran diferencia de no creerse que son ni Freddie Mercury, ni John Lennon, ni ninguno de ellos. Tienen la humildad de no dejar de ser las personas comunes de todos los días, la vocación marcada y, sin lugar a dudas, una enorme capacidad de transportar a los fans al universo que sus ídolos crearon en sus vidas.
“Rendir tributo implica una identificación con esa música, ya sea que se interprete al pie de la letra o se hagan versiones, -define Edgardo duMortier, bajista de Intocables, tributo a The Police-. Se busca convocar y seducir a un público particular, que ya conoce y elige al artista que rinde tributo, y brindarle no solo interpretaciones fieles a las originales, sino también otros ingredientes que recuerden al artista original, como imágenes, vestuario, actitud, conocimiento de la historia, anécdotas, etcétera.”.
Así, un grupo sube a escena para recrear el repertorio de la gira Alive Tour 1975 de Kiss, el momento clave de la historia del legendario trip nostálgico neoyorquino. Otro, en tanto, se anima a interpretar la versión completa de Bohemian Rapsoy ante más de 20.000 personas en un concurso de bandas tributo a Queen donde ellos son los únicos extranjeros. Y así podrían seguir los ejemplos. Tantos como músicos existen. 

TRIBUTO PLUS
Ummagumma, tributo a Pink Floyd, también comenzó, como la mayoría de estas bandas, presentándose en pubs, hasta que arribó al Coliseo y al Gran Rex. Ofrecen un show con un gran despliegue visual y, como en las presentaciones de sus ídolos, en estas tampoco faltan la pantalla circular, el cerdo inflable, ni el avión que se estrella en el escenario.
“Hacer covers implica realizar temas de una o más bandas sin respetar estructuras, ni sonidos del tema original, y poniéndole el sello propio de la banda que lo realiza. En cambio, en el tributo se respeta cada nota, cada solo de todos los temas… Si a eso se le suma lookearse como el artista o montar una escenografía similar, ese tributo tiene un plus”, explica Alejandro de Ummagumma.

DESCUBRI TODO ACERCA DE ESTOS FANATICOS DE LAS BANDAS EN EL PLANETA URBANO DE ENERO/FEBRERO