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Por Juan Manuel Cocco / Fotógrafo: Agustín García Oliver
Noé Jitrik es una persona que sonríe cuando mira un libro. Bien parado en el centro de su biblioteca, mueve la mano derecha hacia los anaqueles. “Aquí están los de Bolivia, por allí los de Uruguay, más allá los de México y Argentina”, señala y despliega un movimiento de barrida con el que repasa los volúmenes. Sobre un escritorio hay una notebook. A sus espaldas, un libro de lomo negro: es el Facundo. No tarda su primera estocada: “La concepción de la literatura argentina responde a los parámetros franceses”; y una segunda: “La relación espacio-tiempo está adulterada por el mercado”.
Jitrik, de 80 años, ha escrito decenas de obras y dirigió la monumental Historia Crítica de la Literatura Argentina, una producción de doce tomos que llegó para ser citada. “Pero lo mío recién empieza”, le gusta decir. Es director del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y ejerció la docencia en varios países.
Cuando un extranjero le pregunta qué es la literatura argentina, ¿qué le responde?
Enseguida se me suscita todo el proceso de formación de lo que llamamos literatura argentina, que tiene un comienzo deliberado. Hay una voluntad de constituir una literatura que se establece en relación con otras existentes. La idea del modelo es inevitable, incluso en las expresiones marginales de tipo gauchesco. Si uno hurga, si uno ve bien en las manifestaciones gauchescas que parecen tan espontáneas, tan afuera del modelo de literatura europea, con la estructura mental, verbal y un campo de referencia diferentes; tienen la estructura propia de lo heredado, que es el resultado de un larguísimo y complejo proceso de consolidación. Las literaturas se conforman desde una voluntad de hacer una literatura porque se supone que es indispensable para construir una Nación, teniendo como imagen, espectro y fantasma las literaturas consolidadas europeas, aun aceptando que las condiciones de producción y los medios son muy diferentes. En ese momento inicial empieza a expandirse, se instala, la idea de esa literatura que empieza a convocar y a suscitar. Cuando en la sociedad aparece un fenómeno nuevo que revela algo profundo de la vida de la sociedad, inmediatamente es interpretante de cosas que no se han manifestado todavía. Por ejemplo, llega Esteban Echeverría (1805-1851) de Europa y trae la novedad del Romanticismo, escribe poemas románticos. No es de extrañar que aparezcan entonces poetas románticos. Así se va constituyendo esta pluralidad que llamamos literatura argentina, con la diversidad de manifestaciones que, poco a poco, se van haciendo más complejas. Aunque hasta comienzos del siglo XX tienen todavía un carácter embrionario, como rudimentario, salvo la obra de Domingo F. Sarmiento (1811-1888), que se escapa de toda clasificación.
LA ENTREVISTA COMPLETA LEELA EN EL PLANETA URBANO DE ABRIL
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